Poesía internacional, en castellano y en otras lenguas y traducciones al castellano

 

 

Dos Poemas de Aleqs Garrigóz (México)  

Poemas extraídos del libro De Naturaleza Amarga, 2007.

 

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Con todo cariño para los poetas panameños

 

 

SOLILOQUIO DE UN POETA ROMÁNTICO /

 

Porque desde el principio cargamos un destino como lápida,

la ficción se nos mezcla en la sustancia, tiñéndonos las hebras

con el color de la sangre enfermiza.

Nuestros días en la historia son como una ligera llovizna,

como cuando la brisa arriba a la estepa desolada.

 

Somos amigos del girasol y del crepúsculo.

Caminamos inermes a la hora de los tardíos placeres.

Bebemos solos. Y la melancolía de ser es en nuestras venas

honda y permanente como los congelados mares.

 

Rosas, cortinas, palomas, ventanas, sepulcros,

horizontes donde la lividez vierte sus encantos,

jardines gloriosos donde los pájaros mueren,

fuentes, salones que son vacíos como la vida,

nos circulan lo mismo que carruseles en la mente.

 

Conocemos el encanto en la distancia,

el sabor de las lágrimas,

la textura de las cartas antiguas,

el olor de las habitaciones viejas.

Amamos la tibieza del hogar,

la magia de los otoños cayentes,

la somnolencia de la nieve.

Y somos tanto cómplices de los amantes feraces

y de su entrega indócil y plena

como de la belleza que muere.

 

Tiene el fruto de nuestros sobrios esfuerzos

un encanto innegable, ligeramente amargo,

que recuerda los vino seductores y transitorios.

(¿Compañero, como responderé a tu asentada certeza

de que es el miedo a la vida lo que nos mantiene tan vivos?)

Más que el teatro de nuestras subsistencias,

deberá ser la obra

nuestra acotación ante el hombre.

 

En algunos, el ímpetu arde como un sol cercano;

la fiesta los sonsaca con su olor a licor y sexo mezclados:

su paso en la existencia es igual que una orgía sin término.

Otros -los que lloramos aparentemente por nada,

los enamorados de la lluvia en la ventana-

andamos caminos poco fecundos

y, prensados en la mano de la nostalgia,

terminamos aprendiendo el suicidio.

 

Pues -se sabe- en nuestro pequeño círculo,

de algún modo o de otro,

se muere joven.

 

 

 

LA POESÍA /

 

La poesía es como el árbol de ancho follaje

que crece a mitad del páramo desierto.

La forman nostalgias y temores.

Sus brazos se alargan para alcanzar el infinito;

sus fuertes raíces se ahondan en la tierra oscura;

su ancho ramaje es ámbito de emociones contenidas,

en él giran los vientos, se reordena el mundo.

Porque la Poesía es el Arte; y como el Arte

se nutre de sí misma

y sobre sí misma reposa.

 

Su ramaje es coro donde los ancestros cantan.

Lo integran llamados distantes,

del mañana que es el hoy muerto la voz ya sin sentido,

resonancias de canciones perdidas y olvidadas,

oscilaciones de brillo y sombra,

elegías que son constelaciones de hojas muertas,

palabras mustias de soledad y pena

y crujidos que son su débil lamento.

Para siempre.

 

En su tallo se han grabado inscripciones nobilísimas.

Su semilla es eterna.

 

La poesía es el llanto desolado del sauce

y el refugio vivo de la higuera.

 

Aprenda yo a encontrar fortaleza en sus frutos

y descanse mi fatiga bajo su sombra

 

hasta el último día.

 

 

ALEQS GARRIGÓZ (Puerto Vallarta, México 1986). Empieza su carrera publicando Abyección (2003). Trabajos posteriores son: Luces blancas en la noche (2004), La promesa un poeta (2005), De naturaleza amarga (2007), Páginas que caen (2008), Galería del sueño (2008), En la luz constante del deseo (2012). Premio de Literatura Adalberto Navarro Sánchez 2005, otorgado por la Secretaria de Cultura de Jalisco. Premio de Literatura 2008 de la municipalidad de Guanajuato. Ha publicado poemas en diversos medios impresos y electrónicos de México e Hispanoamérica. Figura en una decena de antologías literarias editadas en México.

 

 

 

 

Catorce poemas inéditos frente a la inclemencia

(selección de poemas de poetas españoles actuales)

 

La poesía sigue siendo, en estos tiempos de inclemencias y miedos, un refugio seguro. No hay prima de riesgo que valga ante un buen poema, un verso inspirado o una metáfora feliz cargada de irreverencia y humor. Por eso, El Cultural ha pedido a doce de los buenos poetas del momento, de muy diversas generaciones, un poema inédito como antídoto frente a la incertidumbre. De Álvaro Pombo a Antonio Gamoneda (que nos anticipa uno de los poemas de su futuro libro Canción errónea), de Ángela Vallvey a Juan Antonio González Iglesias, pasando por José Carlos Llop, Álvaro García, Benítez Reyes, Andrés Sánchez Robayna, Juan Bonilla, Pablo García Casado, Eloy Sánchez Rosillo y Julio Mas Alcaraz, doce poetas nos regalan últimos versos cargados de emoción, erotismo en algún caso, de derrota en otros, y sobre todo de porvenir. Ya lo dijo Pessoa: “Los misterios son de la esperanza”.

 

 

 

LA TENTACIÓN DEL GEÓMETRA / JOSÉ CARLOS LLOP

 

Soy de letras pero amo la geometría:

el rombo de Michaelis, los hemisferios

de las nalgas y su elipsis sagrada,

la abultada perfección de la vulva

o la curva del empeine, que adoro,

como la línea que cruza el envés

de la rodilla, o la inclinada tangente

de la nuca. Amo las esferas

como albaricoques o ciruelas,

la bahía entre cuello y hombro,

los suaves arroyos del interior

de las muñecas y el esplendor

del Bósforo entre los muslos,

con Estambul al fondo y Asia,

detrás. Porque soy de letras

sé, que la oculta tentación

del geómetra es la geografía:

trazar las cartas marítimas

sobre una piel desconocida,

detenerse en la tensa

parábola del pezón,

marcar las coordenadas

y sus límites y saber del calor

tropical de sus puertos,

donde los pájaros blancos

surgen de los manglares

y alzan, cantando, el vuelo:

última magia de la simetría.

 

 

 

HILO DE ORO / ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

 

Une entre sí la luz todas las cosas

con un hilo de oro.

Y a mí mismo me incluye;

me toma alegremente cada día

y me hilvana con ellas.

Lo puede ver cualquiera que se quede

de vez en cuando a solas

y con sosiego mire:

no es el aire, es la luz la que nos suma

a todos con el todo.

El árbol me conoce,

saben de mí la nube y la montaña,

el gorrión, septiembre.

Y yo los reconozco emocionado,

y los dice mi boca.

Formo parte del mundo y estoy vivo.

Soy uno más, por suerte,

en la gran cofradía de la luz.

 

 

 

[HAY UNA TRASLACIÓN DE TU LEYENDA] / ÁLVARO POMBO

 

Hay una traslación de tu leyenda

en calderilla de ficus y de prunus

y terrazas pequeñas

de todo el noroeste de Madrid

 

Hay una tradición de que venías

y parecía que no llegabas nunca

 

Hay toda una hermenéutica de labios

y tu pelo castaño

que no podía acariciarlo nadie

 

Una letrilla popular existe

que dice que tú eras inasible

 

 

 

[ANTES DE LLEGAR....] / JULIO MAS ALCARAZ

 

Antes de llegar al río debo cruzar la caverna. Concebimos esa caverna como el lugar donde las sombras producen los cuerpos. Es un espacio necesario, un paso entre dos sueños, pero no sabemos por qué. A la salida, la anciana vigila que sólo seamos mujeres quienes llegamos allí. Ella me entrega una pulsera hecha con las colas de varias serpientes de cascabel. No habla. Ella tampoco habla. Tiene miedo Ofrece el silencio como libertad, el derecho del silencio a ser escuchado. y la majestuosidad de las escaleras viejas de los puertos, la elegancia de los escalones entrando en el agua; el deseo jamás realizado de bajarlas hasta el final. Las niñas, en la ribera de aquel río, juegan con los muñecos que han construido con los huesos de otras niñas muertas. Mira a las niñas, asustada. No sabe. ¿Aquellas que ya no tenían qué comer? Sólo las mujeres podemos acceder aquí y sólo nosotras podemos tratar de observar lo que llamamos un párpado de río. En lo más profunda de la selva, ante lo que algunos llamarían un sencillo meandro, se produce un hecho extraño, una singularidad. Si la canoa navega despacio, muy despacio, es posible ver como un banco de arena se abre y alza a nuestro paso, igual que se abre un párpado, y en su interior... No puedo saber todavía qué hay en su interior. Es posible que nunca lo supiera, porque no todas pueden verlo, pero ella ha amamantado a criaturas que no eran suyas. Y cuando lo sepa no podré decirlo porque las niñas, esas niñas Aunque cualquier mujer puede venir a esta selva, atravesar la caverna, recoger la pulsera de la anciana (me gusta que me llame anciana) y adentrarse en el río. Sólo es necesario un silencio que permita escuchar el ruido de las lágrimas al salir de los ojos. El silencio realmente necesario es el de las lágrimas segregándose antes de salir de los ojos.

 

 

 

DINERO / FELIPE BENÍTEZ REYES

 

Tras una combinación difícil, bajo llave,

protegido por poleas de acero,

camuflado en las siglas

o en el cajón secreto del avaro,

duerme en su soledad plenipotente

de dios convencional de todo esto:

de los teatros mercantiles,

de la bolsa enigmática y cambiante

como la luna, en su condición

de testaferro manoseado del oro,

suma y resta del todo y de la nada,

multiplicador del poder y de la angustia,

irrealidad portátil en su ruta estratégica,

hundiendo, rescatando, inflacionando,

dragón herido siempre por la espada

enmohecida de la incertidumbre,

en su cueva especulativa.

Mendigo arrogante de la capa bordada,

misterio desvelado en la exactitud de los porcentajes,

por activo y por pasivo,

abstracción callejera, metal de calderilla,

prestidigitador de operaciones en el aire

a escala mundial y, sin embargo, también de casi nada:

el niño que cuenta unas monedas

ante el kiosco, midiendo su poder

de apropiación del mundo, calculando

lo que cuesta un deseo, la mercancía

del corazón, el ansia oscura.

 

 

 

CANCIÓN ERRÓNEA / ANTONIO GAMONEDA

 

No hay causa en mí. En mí no hay

más que cansancio y

un antiguo extravío: ir

de la inexistencia

a la inexistencia.

Es

un sueño.

Un sueño vacío.

 

Pero sucede.

Yo amo

todo cuanto he creído

viviente en mí.

Amé las manos

grandes de mi madre y

aquel metal antiguo

de sus ojos y aquel

cansancio lleno de luz

y de frío.

 

Desprecio

la eternidad.

He vivido

y no sé por qué.

Ahora

he de amar mi propia muerte

y no sé morir.

 

Qué equívoco.


 

 

FUGACIDAD / ÁLVARO GARCÍA

 

De nuestro abrazo aquí sobre la alfombra

de yerba del recinto sobre el mar

el tiempo no se extraña y, al pensar

totalidad, tu nombre me la nombra.

 

¿Por qué con nuestro abrazo en esta sombra

súbita, extrañamente familiar,

el tiempo se abre al fin de par en par?

¿Por qué estar piel con piel no nos asombra?

 

Amar nos reconcilia con la muerte

en esta tarde poco a poco oscura

que hace simple el milagro de tenerte.

Llega el olor del mar hasta la altura,

nos mece y nos susurra su sonido

música de no ser y haber vivido.

 

 

 

AFORTUNADO / JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

 

Afortunado el hombre que despierta

junto a un treintañero con la barba de oro

al que admira

por la dulzura de sus dones,

y por su integridad y por el gesto

sereno con que afronta lo pequeño y lo grande.

 

Afortunado el hombre que llama compañero

al que comparte todo con él, en un golpe

de amor que repercute en toda su existencia.

Otros en el futuro se amarán como ellos.

 

Afortunado el que puede afirmar que confía.

El que habita junto a un valiente.

El que está protegido por su fuerza cercana

y recibe de pronto una mirada suya.

Aunque son vulnerables, ya son invulnerables.

 

Afortunado el hombre que camina junto a un joven risueño.

 

 

 

LA NUBE DE STEVE JOBS / ÁNGELA VALLVEY

 

He subido a La Nube

esa jaula de sol

con sus horas de confín que se beben

en secreto los pájaros

cuando el alba despierta.

He subido a La Nube

mis archivos de amor y de deseo,

las pavesas de la rosa temprana

pixelada en venenos de colores

que se desespera detrás de la pantalla

de tu iPad. Aquel momento

en que te quise para siempre.

Los matices -pedrería, barro y azul abismo-

del dolor de mi pecho. Un día

en carne y hueso. Facturas por cobrar

a la mañana. Mi corazón

de renta antigua que tiene la costumbre

de interrogar a la tristeza. La luz

que frente a frente te busca y te propicia.

 

Un trozo generoso de tu cuerpo

que nunca me abandone.

He subido a La Nube caminando

porque, a menudo, vivir es sólo eso,

guardar en un cofre de nieblas

los restos del amor para llevar a casa,

 

poner la fe en la lejanía,

en un rayo de sombra constelado

de hielos digitales

que encarcele, uno a uno,

a los fantasmas de tu mundoy el mío.

 

He subido a La Nube las sílabas

antiguas de la palabra noche,

el frío de tus lágrimas, aquel

que jamás fuiste, el pie de las encinas

en todos los ocasos.

 

 

 

PRIMER CURSO DE FILOSOFÍA / JUAN BONILLA

 

que sean nuestras sábanas las túnicas

de sócrates platón y de aristóteles

sobre ellas no habrá dudas ni preguntas

tan sólo realidad sin ideales

yo sólo sé que lo sé todo si follamos

 

las togas de agustín de hipona pueden

servirnos como colcha

si arrecia el frío y nos carcome el miedo de que cada uno de nosotros seamos dos

y estemos por entero en cada uno de ellos

 

con los vidrios con los que fabricaba

spinoza sus lentes para ver

a dios en todas partes nos haremos

un espejo que copie solamente

dos cuerpos en batalla destruyéndose

con la alegría de quien sabe que es así

como nacen los universos

 

la peluca de kant será una esponja

con la que voy a enjabonarte

todas y cada una de tus categorías

con la navaja de okham

quiero afeitarte el coño

para después tender a la abstracción

comerte el coño

 

y el látigo de aquel vulgar cochero

que apalizó a un caballo hasta matarlo

e hizo llorar a nietzsche el superhombre

hazlo sonar sobre mi espalda

cuando me vengan dudas o aprensiones

necios deseos sobre lo futuro

ganas de compartir el alquiler

ir al cine contigo y esas cosas

 

el brazalete nazi de heidegger

nos sirva de mordaza si entra el miedo

a conquistar los seres sin ahí

en que querremos transformar el uno al otro

 

 

 

YA SOSEGADO, CANTA LA LECCIÓN DE LA SOMBRA / ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA

 

Sientes, casi abrazados

bajo el cielo de zinc,

los árboles que llaman,

los latidos del gris.

 

La sombra te enseñó

piedad y paz, concordes.

Entra, pues, sosegado,

en las sombras del bosque.

 

 

 

PESADILLAS / PABLO GARCÍA CASADO

 

A Sergio Gaspar

Tengo una pesadilla que se repite. No todos los días, pero sí a menudo. Veo a mis hijos descalzos en una ciudad futura, de seres crueles y biónicos, y charcos de sangre y cristales rotos que ellos pisan con sus pies blancos y delicados. Miro sus ojos tristes y su gesto mudo bajo el cielo naranja. Y yo estoy fuera, en otra pantalla, haciendo aspavientos desde el mundo de los vivos. Este sueño se repite a menudo, no todos los días, pero sí a menudo. Y entonces despierto, y enciendo la luz, y respiro. Porque ellos están aquí, en sus camas, durmiendo, seguros de estar protegidos por algo más grande y poderoso. Dicen que todos los padres tienen sueños como este. Es el precio de plantar la semilla, algo que es tuyo pero no te pertenece. Eso dice mi madre. Sueños extraños que día a día se vuelven reales y precisos. Porque el mundo avanza hacia un futuro pavoroso en el que ves salir a tus hijos descalzos por calles de sangre y cristales rotos y seres crueles y biónicos. Y no puedes hacer nada porque estás atrapado en otra dimensión.

 

 

 

CALIPSO / CARLOS PARDO

 

En verano volví a leer poesía

y una tormenta sacudió la casa

con rítmicas correspondencias.

 

Las higueras anfibias.

El jazmín sarmentoso.

La culebra mojada junto al haz

de paja. Anónimas avispas

clavadas en el tronco

del manzano

como nieve salvaje.

 

La poesía me dio un yo

y dos planchas azules

reconocibles como cielo y mar.

 

Entre ambas, el tachón

de la lluvia. Y arriba,

un sobrenatural gris Waterloo.

 

Tenía un perceptible fondo

por el que deslizar

el sobrepeso de la perspectiva.

 

Con la puesta de sol viene el banquete.

La casa en la colina

colonialmente absorbe la humedad de las huertas.

 

Un octeto de ovejas

toca calipso.

 

 

 

MONÓSTICOS (8, 11) / JORDI DOCE

 

Comenta que está bien, que ya pasó.

Tiene la espalda señorial, casi olímpica.

Luego la voz le cambia, de pronto, y todo es antes.

Viene de un duelo colectivo, de un aquelarre blanco.

No es posible dejar de ser lo que uno fue.

O también: esa puerta que se abrió sigue abierta.

Así empiezan los cuentos: un niño se pierde en el bosque.

Si algún pájaro habló con él, no lo sabemos.

*

Sabía ver el mundo como si no estuviera en él.

Olvido, indiferencia, estas eran sus señas.

También piedad, a veces, una extraña ternura.

El piloto parpadeaba a ratos, con desgana.

No era cosa que debiera inquietarle.

Según el plan en curso, sobraban las urgencias.

Sin embargo, sentía un eco de los antiguos vínculos.

Algo se removía a tientas allá dentro.

Corrigió una palabra de su informe y se puso a esperar.

Siguió esperando mientras la Tierra giraba.

Si las piezas debían encajar, él no veía cómo.

 

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/31228/Catorce_poemas_ineditos_frente_a_la_inclemencia

 

 

 

Poemas escogidos de “Deshielo a mediodía”, de Tomas Tranströmer

 
Premio Nobel de Literatura 2011
Seleccionamos poemas de todos los libros del Nobel sueco a partir de la antología publicada por Nórdica
 
 
 
De 17 POEMAS (1954)
 
CINCO ESTROFAS PARA THOREAU
 
 
Otro más abandonó el pesado
anillo de la ciudad de voraces piedras. Clara como la sal es
el agua que golpea todas las cabezas de
los verdaderos refugiados.
 
 
En lento remolino ha subido el silencio
hasta aquí desde el centro del mundo, a enraizarse y crecer
y con frondosa copa sombrear la escalera del hombre, entibiada
por el sol.
 
*
 
Negligentemente, el pie golpea una seta. La nube de tormenta
se agranda junto al borde. Como cuernos de cobre
las sinuosas raíces del árbol dan el tono, y las hojas
se dispersan temerosas. 
 
 
La huida salvaje del otoño es su liviano manto,
flameando hasta que, otra vez, llegue la manada de días tranquilos
de helada y ceniza y bañen
las garras en la fuente.
 
*
 
Creído por nadie va el que vio un géiser,
huido de aljibe cegado, como Thoreau, y sabe
desaparecer en lo profundo de su verde interior,
astuto y esperanzado. 
 
 
De SECRETOS EN EL CAMINO (1958) 
 
SIESTA
 
 
Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...
La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.
Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla
los palpitantes puños de la eternidad cautiva. 
 
El águila sube y sube sobre los que duermen.
Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.
Pasos del caballo con la venda en los ojos.
Los palpitantes puños de la eternidad cautiva. 
 
Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.
El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.
Y resonando en el tiempo -como el ataúd de Lázaro-
el ombligo que late, de la eternidad cautiva. 
 
 
IZMIR A LAS TRES
 
 
Justo enfrente, en la calle casi vacía,
dos mendigos: uno sin piernas
es llevado en las espaldas del otro. 
 
Estuvieron allí -como en un camino de medianoche un animal
queda cegado mirando fijamente a los faros del coche-
un instante y siguieron su camino; 
 
se movían como muchachos en un patio de colegio,
rápidos sobre la calle mientras las miríadas de relojes
del calor del mediodía sonaban en el espacio. 
 
El azul pasó resbalando por la rada, brillando.
El negro se agachó y encogió, observando, desde las piedras.
El blanco creció hasta ser tormenta en los ojos. 
 
Cuando las tres de la tarde fueron pisoteadas bajo cascos
y la oscuridad palpitaba en la pared de la luz,
la ciudad se arrastraba a las puertas del mar 
 
y relucía en el prismático del buitre. 
 
 
De PRISIÓN (1959) 
 
NUEVE HAIKUS
 
 
(Nueve haikus del hospicio de jóvenes Hällby, 1959) 
 
Se juega al fútbol; 
confusión, la pelota 
va sobre el muro. 
 
 
Ruido se hace 
para espantar el tiempo, 
para apurarlo. 
 
 
Vidas mal escritas: 
la belleza persiste 
como un tatuaje.
 
 
Ladrón cazado: 
con los bolsillos llenos 
de setas frescas. 
 
 
Ruidos de taller, 
torres de pesado andar 
al bosque asombran. 
 
 
Se abre la puerta; 
en el hospicio estamos, 
en nueva era. 
 
La luz se enciende: 
el aviador ve manchas 
de luz irreal. 
 
 
Noche: un camión 
pasa, los internados 
sueñan temblando.
 
 
Él bebe leche 
y se duerme en su celda, 
madre de piedra. 
 
 
De EL CIELO A MEDIO HACER (1962) 
 
DESHIELO A MEDIODÍA
 
 
El aire matinal repartió sus cartas con sellos incandescentes. 
La nieve iluminó y todos los pesares se alivianaron: un kilo pesaba 
apenas setecientos gramos. 
 
El sol estaba alto sobre el hielo, volando por el lugar, caliente y frío 
a la vez. 
El viento avanzó lentamente como si empujase un cochecillo de niño 
frente a sí. 
 
Las familias salieron, vieron cielo abierto por primera vez 
en mucho tiempo. 
Estábamos en el primer capítulo de un relato muy intenso. 
 
El resplandor del sol se adhería a todos los gorros de piel, 
como el polen a los abejorros, 
y el resplandor del sol se adhirió al nombre INVIERNO 
y se quedó allí hasta que el invierno hubo pasado. 
 
Una naturaleza muerta de troncos, en el lago, me puso pensativo. 
Les pregunté: 
«¿Me acompañan hasta mi niñez?» Respondieron: «Sí». 
 
Desde la espesura se escuchó un murmullo de palabras 
en un nuevo idioma:
las vocales eran cielo azul y las consonantes eran ramas negras 
y hablaban 
muy lentamente sobre la nieve. 
 
Pero la tienda de saldos, haciendo reverencias con su 
estruendo de faldas, 
hizo que el silencio de la tierra creciese en intensidad.
 
 
De TAÑIDOS Y HUELLAS (1966) 
 
UN ARTISTA EN EL NORTE
 
 
Yo, Edvard Grieg, me movía como un hombre libre entre hombres, 
bromeaba habitualmente, leía los periódicos, viajaba y marchaba. 
Yo dirigía la orquesta. 
El auditorio con sus lámparas temblaba de triunfo como balsa del ferrocarril 
en el momento de atracar. 
 
Me transporté hasta aquí para ser corneado por el silencio. 
Mi cabaña de trabajo es pequeña. 
El piano de cola está aquí tan apretado como la golondrina 
bajo la teja. 
 
En general, los bellos acantilados a pique callan. 
No hay ningún pasaje 
pero hay una compuerta que a veces se abre 
y una peculiar luz que mana directamente del duende. 
 
¡Disminuir! 
 
Y los golpes de martillo en la montaña llegaron 
llegaron 
llegaron 
llegaron una noche de primavera a nuestra habitación 
disfrazados de latidos de corazón. 
 
El año anterior a mi muerte, enviaré cuatro salmos para rastrear a Dios. 
Pero eso empieza aquí. 
Una canción de aquello que está cerca. 
 
Lo que está cerca. 
 
Campos de batalla dentro de nosotros 
donde los Huesos de los Muertos 
luchan para volverse vivos. 
 
 
MÚSICA LENTA
 
 
El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas 
y calienta la parte superior de los escritorios 
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre. 
Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera. 
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos 
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante. 
Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí, 
entre grandes piedras con espaldas pacíficas. 
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás desde las olas.
 
 
De VISIÓN NOCTURNA (1970)
 
ALGUNOS MINUTOS
 
 
El pequeño abeto del pantano alza su copa: un trapo oscuro. 
Pero lo que uno ve no es nada 
frente a las raíces, las dilatadas, las que reptan ocultas, el
inmortal o semimortal 
sistema de raíces. 
 
Yo tú ella también nos hemos ramificado. 
Más allá de lo deseado. 
Fuera de Metrópolis. 
 
Del cielo blanco lechoso de verano cae una lluvia. 
Siento como si mis cinco sentidos estuviesen acoplados 
a otro ser 
que se mueve tan empecinadamente 
como los corredores vestidos de colores claros en un estadio 
sobre el que chorrea la oscuridad.
 
 
De SENDEROS (1973)
 
EXAMEN DEL SUELO
 
 
El sol blanco chorrea en el esmog. 
La luz gotea, se desliza hacia abajo, 
 
hasta mis ojos inferiores que descansan 
profundamente bajo la ciudad y miran hacia arriba, 
 
ven la ciudad desde abajo: calles, cimientos: 
parecen fotos aéreas de una ciudad en guerra 
 
aunque, al revés: una foto de espionaje: 
cuadrados silenciosos en colores apagados. 
 
Allí se toman las decisiones. Los huesos de los muertos 
no se pueden distinguir de los huesos de los vivos. 
 
La luz del sol aumenta de volumen, fluye 
en las cabinas de vuelo y en las vainas de las algarrobas.
 
 
De LA BARRERA DE LA VERDAD (1978) 
 
EL BARCO - EL PUEBLO
 
 
Un pesquero portugués, azul, la estela levanta 
un poco el Atlántico. 
Un punto azul lejano, y sin embargo, yo estoy allí: los seis 
que están a bordo no notan que somos siete. 
 
Yo he visto construir un barco como este; yacía como un 
gran laúd sin cuerdas 
en la quebrada de la pobreza: el pueblo donde uno lava y 
lava con rabia, paciencia y duelo. 
 
Negrea de gente la playa. Hubo una reunión que ya 
terminó; se llevan los altavoces. 
 
Soldados escoltaron el Mercedes del orador en el tumulto, 
las palabras tamborilean en los costados de hojalata.
 
 
DESPUÉS DE UNA LARGA SEQUÍA
 
 
Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas. 
La lluvia se desliza desde el cielo 
y en calma aterriza 
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme. 
 
Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada 
y es la única superficie que hay 
-lo otro es altura y profundidad, 
ascender y hundirse. 
 
Dos troncos de abeto 
emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor. 
Lejos están las ciudades y el sol. 
El trueno está en la hierba alta. 
 
Es posible llamar a la isla de los espejismos. 
Es posible oír esa voz gris. 
Para el rayo, el hierro es miel. 
Uno puede vivir con su código. 
 
 
De LA PLAZA SALVAJE (1983)
 
LA ESTACIÓN
 
 
Ha llegado un tren. Allí está, un vagón tras el otro, 
pero no se abren puertas, nadie baja ni sube. 
¿Acaso tiene puertas? Allí dentro hormiguean, 
de aquí para allá, seres cautivos. 
Por las inconmovibles ventanas observan. 
Y afuera anda un hombre, a lo largo del tren, con una maza. 
Golpea las ruedas, resuena débilmente. Salvo aquí: 
aquí crece el tono incomprensiblemente: un golpe de trueno, 
tañido de campanas de iglesia, tono de la vuelta al mundo 
que eleva todo el tren y las mojadas piedras del paraje. 
Todo canta. Esto lo recordaréis. ¡Continuad el viaje! 
 
 
OJOS DE SATÉLITE
 
 
Rugoso es el suelo, no un espejo. 
Solo las más ásperas almas 
pueden reflejarse allí: la luna 
y la Edad de los Hielos. 
¡Acércate en la niebla de dragón! 
Pesadas nubes, calles hormigueantes. 
Una lluvia susurrante de almas. 
Patios de cuartel.
 
 
De PARA VIVOS Y MUERTOS (1989) 
 
EN LA EUROPA PROFUNDA
 
 
Yo, casco oscuro que flota entre dos puertas de esclusas, 
descanso en la cama del hotel, mientras alrededor despierta la ciudad. 
La alarma silenciosa y la luz gris penetran 
y me suben lentamente hasta el próximo nivel: la mañana. 
 
Horizonte escuchado. Algo quieren decir, los muertos. 
Fuman pero no comen, no respiran pero les queda voz. 
Voy a apurarme por las calles, como uno de ellos. 
La catedral ennegrecida, pesada como una luna, hace flujo y reflujo.
 
 
De EL GRAN ENIGMA, (2004)
 
CAE NIEVE
 
 
Los entierros llegan 
más y más apretados 
como los carteles de autopista 
cuando nos acercamos a una ciudad. 
 
Miles de personas miran 
hacia el país de las sombras largas. 
 
Un puente es construido 
lentamente, 
derecho hacia el espacio.
 
http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/2194/Poemas_escogidos 
 
 

 

 

 

Tres Poetas de Nigeria

 

Traducción de Coral Ruvalcaba

Tomado de Periódico de Poesía, UNAM

http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2447&Itemid=88

 

 

Emman Usman Shehu

 

Songstress/

You stand on the stark platform

under the lone glow

an island of attention,

a vulnerable picture—

pouring out your heart,

a river of candid songs.

 

How come such tenderness,

from a heart full of scars?

You teach me forgiveness

under a tungsten lamp.

 

O Songstress, O Songstress,

I hear this river of songs—

sometimes as fast as a flood,

now and again slow as twilight—

pouring out of your wounded heart.

 

How come such passion

from a soul full of fissures?

You teach me endurance

on a lonely island.

 

O Songstress, O Songstress,

I hear this river of songs

sometimes soft as a whisper,

streaming out of your heart.

 

Cantante/

Estás de pie en la desnuda plataforma

bajo el brillo solitario

una isla de atención,

una imagen vulnerable—

y viertes tu corazón,

un río de canciones inocentes.

 

¿Cómo es posible tanta ternura

en un corazón lleno de cicatrices?

Me enseñas a perdonar

bajo una lámpara incandescente.

 

Oh Cantante, oh Cantante,

escucho este río de canciones—

a veces veloz como un diluvio,

otras lento como el ocaso—

que sale a raudales de tu corazón herido.

 

¿Cómo es posible tanta pasión

en un alma llena de grietas?

Me enseñas a soportar

en una isla solitaria.

 

Oh Cantante, oh Cantante,

escucho este río de canciones

a veces suave como un murmullo

que fluye de tu corazón.

 

 

Unoma Azuah

 

Nights/

Nwaka, sing the song

of birds blossoming

among sunflowers

sing a song to quiet

the shrills of restless crickets

Sing songs to light up

the bulbs of my tears

I've borne the waters of my gorge

Furious for an outlet

I've stared into many nights

searching for a single star

I've groped through scorched sands

In search of a glitter in a grain

I've seen the rage of broken waves

scurry like scorpions

Nwaka, sing songs to me

Sing songs of dark clouds

Slashed in lightening

Of rains roped in deserts

For I've witnessed the birth

of too many crippled dawns

in too many tortured nights.

 

 

Noches/

Nwaka, canta la canción

de pájaros que florecen

entre girasoles

canta una canción para callar

los gritos de grillos inquietos

Canta canciones para encender

los bulbos de mis lágrimas

He portado las aguas de mi cañón

furiosas en busca de escape

He mirado de fijo tantas noches

a la espera de una estrella única

He buscado a tientas un destello

entre granos de arena quemada

He visto la furia de olas rotas

correr como escorpiones

Nwaka, canta canciones para mí

Canta canciones de nubes oscuras

hendidas por relámpagos

de lluvias atadas en desiertos

Pues fui testigo del nacimiento

de tantos albores inválidos

en tantas noches tormentosas.

 

 

The Storm You Are/

I feel the flutter of her lashes on the nape of my nerves—

the feel of feathers ruffling in the wind—

I feel her hands on my frame

—the shape of my name

She is the apple I want to pluck—

the tendril I need to nurture

I feel the tickle in her toes—

the sensation of fingers on trickling sands

I envy the earth that gives her life

for I want to be the soil grasping her roots

the sunlight that leaves her wide open for more—

The breeze filtering through her branches—

the dew kissing her pores—

the air that makes her complete

I feel the flutter of her lashes

Her breath— a whisper in a raging storm.

Oh bearer of the storm that has refused to ebb on the banks of myoverflowing river—

Set me free!

 

 

Eres la tormenta/

Siento el aleteo de sus pestañas en la nuca de mis nervios—

la sensación de plumas que se agitan en el viento—

Siento sus manos en mi silueta

—la forma de mi nombre

Ella es la manzana que quiero cortar—

el zarcillo que necesito nutrir

Siento las cosquillas en los dedos de sus pies—

la sensación de los dedos sobre arena húmeda

Envidio a la tierra que le confiere vida

pues quisiera ser el suelo sujeto a sus raíces

la luz del sol que la abre por completo—

La brisa que se filtra entre sus ramas—

el rocío que besa sus poros—

el aire que la hace plena

Siento el aleteo de sus pestañas

Su aliento— un murmullo en el fragor de la tempestad.

Oh, portadora de la tormenta que se ha negado a fluir en los bancos de mi río desbordante—

¡Libérame!

 

 

Obi Nwakanma

 

To the Sea, My Memory/

The sea is memory, of that

awakening at the shore. To that plucking

from the womb and the hot white radiance of light.

 

Came the night

to pleasure me, with a

fine delicate darkness:

 

Then came sleep, the eternal one,

with the stones lowering me. Then came

the stars striding across the shores.

 

Then the illuminati, revelations trapped

into the scrolls, pulled me into

the gilded circle;

 

To listen to the ornate talk

of the chosen, the inscrutable voice

of the wind, the message in the rivulet of the sea.

 

The sea is memory. And I her worshipper.

The sea is memory. And I her intoned fragments,

awaiting the last strain, to fall upon the quatrain,

and the refrain, upon the inflamed rococo,

the subtler Coltrane, to guide my waking,

from shore unto shore.

 

The sea is memory is melody:

that has led me from room to room,

to a place of permanence. Where a

hand touched me, and the deep vital

dawn, did not terrify. Where the tears,

although fleeting, do not at all

escape like running water.

 

 

Para el mar, mi memoria/

El mar es memoria de aquel

despertar en la orilla. De la separación

del vientre y el tibio resplandor de la luz.

 

La noche vino

a darme placer, con una

fina y delicada oscuridad:

 

Luego vino el sueño, el eterno,

con piedras que me sumergían. Luego vinieron

las estrellas a zancadas por la orilla.

 

Luego los illuminati, revelaciones atrapadas

en los rollos, me jalaron hacia

el círculo dorado;

 

Para escuchar la ornamentada plática

de los elegidos, la voz inescrutable

del viento, el mensaje en el riachuelo del mar.

 

El mar es memoria. Y yo su adorador.

El mar es memoria. Y yo sus fragmentos entonados,

esperando al último compás para caer en el cuarteto,

y al estribillo, sobre el inflamado rococó,

al Coltrane más sutil, para guiar mi despertar,

de orilla a orilla.

 

El mar es memoria, es melodía:

que me ha guiado de habitación en habitación

hacia un lugar de permanencia. Donde una

mano me tocó, y el amanecer profundo

y vital no era aterrador. Donde las lágrimas,

aunque fluyen, jamás

escapan como agua corriente.

 

 

 

 

 

Tres poemas de José Kozer (cubano)

 

ESTADO NATURAL

 

Ganga,

 

fluye: aguas espesas de cenizas, las piras vierten sacos de muerte a

tus aguas putrefactas, tú, en

todo caso, fluye: despacio.

Sin desembocadura ni peces.

A tus orillas coloco un

platillo (dorado) semillas de

mostaza, un ramo ajado

(se ajó por el camino) de

rosas de Malmaison: en

nombre de madre pacífica

la vaca. ¿Esto es devoción?

Ir, ya viejo, a orillas del

Ganges, a las abluciones,

justo con el dólar por los

suelos, ¿esto es devoción?

¿Un auténtico sacrificio;

a quién? ¿Ganesh?

Apertrechado de sutras en

inglés, varias cajas de

incienso (conos; varillas)

un saco de arroz a repartir,

monedas de cobre. Horas

de vuelo, retortijones de

estómago, músculos ateridos,

calambres (calambrica de

sólo pensar en la Muerte).

Y una fatiga crucial. Paripé,

paripé: todo esto es un

paripé. ¿Qué devoción ni

ocho cuartos? Estos son los

negocios que mueven la

maquinaria del mundo:

hostales baratos, guías

espirituales, pordioseros

profesionales, y nuevas

técnicas de mercadería y

consumo que nos hundirán

a todos en veinte años

(mark my words). Rosas

al agua. Semillas de mostaza

al viento. Fluye, Ganga,

llévatelo todo, cobres, arroz

e incienso, entre pestilencias,

esencias de rosa, túnicas

azafranadas, al sótano donde

el agua es hojarasca incinerada:

la oquedad (ni ulterior ni

primordial) vacío desaforado.

Tanta cháchara. No sabe uno

ya qué pensar. Dioses por aquí,

gastos por allá, y el raciocinio

renuente a creer, desde su

covacha, en esta ficción ingente

(morir no es siquiera llevarse

una sorpresa) (la sorpresa

siquiera de la Nada). Retumba.

Hoya hueca su silencio. Surja

otra almeja, otro grano de arroz

(moreno) pan frito asolado por

las ajorcas de viudas famélicas

regurgitando dosis prístinas de

ceniza. Hambre (habrá hambre).

Veraz. Y en el pudridero de

todos los santos, yoghis,

santones y demás mercenarios

de la indefectible Cloaca,

albricias, Ganga, Ganga Rey

(panta rei) soy (seremos) por

aluvión (acarreo) (bajantes y

arcaduces) mostaza renovada,

floración Malmaison, pura

 

metáfora.

 

 

 

ASIR ASCUA

 

Luzbel, sólo aparente: estratos, claros, unos cirros, he ahí

lo verdadero.

 

¿Dios? Una puntada sobre el papel y va surgiendo el abedul:

trazo y retaceo; pespuntes,

una malla, surge un bosque:

su blancura me deslumbra;

su esbeltez aligera en mi

mirada este cuerpo abismado,

brumas del sueño al mediodía,

a las tres de la tarde, el largo

sueño intermitente de la noche,

la madrugada desvelada del

Insomne, voy a bailar (balar)

contoneándome entre los

abedules, adolescencia de

mis padres, de un brazo la

madre, del otro el agobio

del sueño en la cabeza a

punto de desplomarse: me

aligero, beso el tronco níveo

de un árbol, ¿y Dios? Estratos

dejan paso, espacio, a unas

ideas despojadas de hojarasca

(no consigo expresarme).

 

Se me escapa (a lo sumo queda un rastro intermitente que volveré

a rastrear): no tengo otra

condición, el apuntador

calcula mi siguiente

parlamento, pelele

exclamo, se apagan las

luces, me voy hundiendo

en la butaca del salón de

los espejos (los pasos

perdidos): un estero,

pozas, el desequilibrio

del cuerpo en su núbil

debilidad, reciente y

núbil viejo: borde del

abismo. Abedul. Ciclo

último de tinieblas. Se

me cierran los ojos. Y

sigo sin ver nada ni

dentro ni afuera.

 

Soy un filósofo de pacotilla procurando interiorizar una manzana.

El ente intransigente de la manzana impide sostenerme: me

abandono. No puedo

retener por su eje

nada. Me encojo de

hombros, me cruzo

de brazos, puesto de

espaldas vadeo un

yermo, tanteo espacios

abiertos donde (astral)

me pierdo, cada

movimiento que hago

implica un tropiezo:

me impele, de medio

lado. Contusión. Se

vara el riego sanguíneo

en puntos cardinales

(nódulos) (ahora mismo

los palpo en la planta

del pie derecho): en una

intersección del flujo

brota (brillante) la

manzana (grávida):

dique: aire expelo:

jadeo. Y flora vivaz

me mareo (no sé dónde

estoy parado) coito

extraviado.

 

 

 

ASÍ DE SENCILLO

 

Un

esquimal haciéndome señas sí a ti en un sueño ¿a mí un

esquimal? gélido anoche:

¿qué tengo que ver yo con

un esquimal? jamás vi cosa

igual, y me rondaba, fiero,

el arpón ¿salió de un cuento

de Poe? ¿yo dormía?

 

Éstas

son manifestaciones novedosas de las clásicas Furias de

peplo, rostro acólito de diosas,

cachos reproduciéndose en

el aire de medusas, y demás

patetismos de la mente (al

anquilosarse) asustada. Y me

digo al despertar, si es que he

despertado (he despertado: no

voy a empezar a elucubrar el

rollo de la mariposa y Chuang

Tzu): a limpiar se ha dicho la

cabeza, no más musarañería,

en lo adelante, por ejemplo,

limitaré a unas 2000 palabras

mi vocabulario (silla curial la

butaca del cuarto).

 

Unas

2000, chévere. Reducir el esquimal a monje, inactivo velo

del paladar, glotis inactiva.

Esto es ideal. El gran sueño.

Imposible mejor subterfugio.

Sostener el cuerpo espiritual

con vocablos del tipo rosicler,

olíbano, volapuk, colofonia

(cuidado, no lleva acento).

Terebinto. El escobillón en

alto, voy barriendo del techo

restos de telarañas que

tanto espacio ocupan en

mi desmoñingada cabeza.

¿No sientes ya la liberación?

Siento unas ganas del diablo

de ver dar vueltas los rehiletes.

 

Lento

circunscribir de un derviche, aspas los brazos, bracear las

aguas cercanas a un acantilado

(abras): eran aire. El disolvente

aire que amaina la cabeza.

Ahora se está bien: nada

equivale a nada. Planto pica

(a quien esto lea le aseguro

que no estamos en Flandes).

Hallandale, el ventanal, el

canal, negros nubarrones

que no son negros bugarrones,

la luz tropical, la soledad

brutal del actual momento

histórico (ahistórico)

(metahistórico) (antihistórico)

me da lo mismo: acomodo los

fondillos, las plantas de los pies

(temprano y ya hace qué bueno

calor). Una charola, orlas,

quetzal, charango, la abstracta

figura de un príncipe azteca.

Bonito. Me siento a leer a

Armand Schwerner. Leo (pelo

una mandarina) leo (hollejos

tres a la boca). Me ensucié la

camisa (babero p’al viejo).

Rabio. Esto no me pasaba

antes. Se va perdiendo el

control. Leo (mermo) un

tanto compungido (espanto

no obstante la mosca de la

contrición): no quiero piedras

en el camino. Simplifico:

máximo, 2000 palabras. Me

pueden sostener cornezuelo,

dingolondango, y va que

chuta verla pasar, mamey.

 

 

José Kozer (La Habana, 28.03.1940) Poeta, ensayista, traductor y profesor universitario. De padres emigrantes judíos provenientes de Polonia y Checoslovaquia, nació en La Habana, Cuba, donde vivió sus primeros veinte años. De 1965 a 1997 (año de su jubilación) enseñó lengua y literatura en español en Queens College, Nueva York. Fue Jefe de Cátedra del Depto. de Literatura Comparada de dicha universidad. Su poesía une varias tradiciones poéticas importantes, como la judía o la norteamericana; crea un mundo poético personal y a la vez preocupado por el papel del lenguaje. Ha sido ampliamente antologado y publicado en numerosos periódicos y revistas de Europa, América Latina y Estados Unidos. Recibió la Beca Cintas, la Beca Gulbenkian, y el Premio Julio Tovar de Poesía, 1974.

 

 

 

Links para antologías de poesía francesa e italiana.

Tomadas del la página cultural Eldígoras, sección literatura (http://www.eldigoras.com/#literatura), ponemos a su alcance links para acceder a estas interesantes antologías online:

 

Porta d’Italia… Puerta de Italia
Poesía Italiana Actual
Porta d'Italia es parte del proyecto cultural eldígoras.com, diseñado y mantenido por Fco. Javier Cubero.
 
Poèmes
Traducciones de Poesía Francesa
Poèmes es parte del proyecto cultural eldígoras.com Poesía francesa traducida al español por Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán
http://www.eldigoras.com/poemes/port.htm
 

 

 

Poesía de Luis Chaves (costarricense)

Luis Chaves (Costa Rica, 1969). Publicó El anónimo (Ed. Guayacán, Costa Rica,1996) y Los animales que imaginamos (CONACULTA, México, 1998). Con este libro ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz 1997. Es coeditor de la revista de poesía joven latinoamericana Los amigos de lo ajeno, publicación que se edita y distribuye en Costa Rica y Argentina http://www.amigosdeloajeno.org

Los poemas desde "La bajita del rincón oscuro" hasta "Jonás" pertenecen a Historias Polaroid (Ed. Perro azul, 2000), uno de los tres libros finalista del Premio de Poesía del Festival Internacional de Poesía de Medellín 2001. Los últimos textos son inéditos.

 
 
 
La bajita del rincón oscuro/
 
Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.
 
Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.
 
 
 
Reporte meteorológico a.m./
 
Confundías el pronóstico del tiempo
con el horóscopo.
Alerta siempre del noticiero:
tarde nubosa, lluvias aisladas por la noche
y para vos era culpa del karma.
 
Este año tendremos un invierno prolongado
pero el resto de objetos y acontecimientos
no presentará otros cambios
que las sutiles degradaciones de la edad.
 
Todo sigue idéntico.
Ahora mismo puedo ver desde mi cuarto
el camión del matadero,
aquel que, mes a mes, cada día de semana
se estaciona de madrugada frente a la carnicería.
Allí van los estibadores,
los despojos congelados al hombro.
Un aire helado sale del contenedor
y logra darle un matiz misterioso
al trabajo de los hombres.
 
Quizás sea más sano
jalar reses congeladas a las cuatro a.m.
que mirar desde una ventana
cómo otros lo hacen.
Tal vez sea menos nocivo
cargar cosas muertas en la espalda
que almacenarlas dentro de la cabeza.
 
Se me ocurre que podrías tener razón,
que lo que no acaba abruptamente se desvanece,
que la filosofía es tan frágil como el zodiaco,
y que hoy el mío leería:
vientos fríos desde el interior,
aislados flashbacks inútiles,
mente nubosa el resto del año.
 
 
 
La base de la sociedad/
 
Daría lo mismo
que no hubiera nada en el refrigerador,
las cuatro o cinco cosas que lo ocupan
son incompatibles.
Mostaza, leche pasada,
tupper-ware vacío, película 135 mm.
Si su madre supiera
lo mal que se alimenta
sería lo de menos,
peor si supiera lo demás.
 
El sabor a gripe
que baja por la garganta
anuncia otra semana
de té, drogas legales y televisión.
Días en que, si no fuera
una frase tan cursi,
diría "no se dónde
ni cuándo empezó la tristeza".
 
Su madre sabe lo mal que come
y lo demás también,
pero lo ve sin mirarlo,
mirando detrás de él,
hacia el pasado,
cuando abría su refrigerador
y de cada tupper sacaba
un bocado de familia funcional.
 
 
 
Flash forward/
 
En un extremo de la casa
el niño aprende que la cera Genie
no sabe a lo que huele.
 
Al fondo del patio su hermano mayor
llena una botella con agua y flores
y la entierra, para que con los años
se transforme en perfume.
 
Vendrá después el invierno
más largo de la historia,
una vista aérea y nocturna de la ciudad.
También navidades, sepelios
y cicatrices que con lentitud de molusco
se pasearán por la piel.
 
El niño uno crecerá
para hablar un idioma
diferente al del niño dos.
Este último para descubrir
que las cosas no mejoran con el tiempo.
 
 
 
Esteves sin metafísica/
 
Comer tostadas de pie
es una postura poco favorecedora
de ideas trascendentes.
 
Aunque Zeus junte sus nubes
y llueva y truene
al otro lado de la ventana.
 
Uno quisiera
decir algo profundo
pero lo único que emite
son frases del tipo
"qué manera de llover".
 
 
 
Jonás/
 
Dos gaviotas se posan
sobre el lomo de la ballena
que amaneció en la playa.
La espuma de las olas en retirada
cava surcos alrededor
del enorme cuerpo
que respira con dificultad.
Cuando los curiosos
se acercan a tocarla,
las gaviotas se van.
 
Los adultos toman de la mano
a sus hijos y les pasean,
guardando una distancia prudente,
a lo largo del cetáceo que agoniza;
como si ellos supieran
qué es lo que tienen frente a sus ojos,
allí hundido en la arena,
tostándose al sol,
como un desecho exagerado del misterio.
 
La marea, ahora en bajante,
nada explica acerca de esta criatura
que vino a morir entre desconocidos.
 
 
 
Postal/  
 
En el mar de la tarde,
liso y calmo,
una bañista solitaria
entra hasta la cintura.
 
La mitad de arriba
observa algo que no vemos.
La mitad de abajo
no existe.
 
 
Plan B/
 
Todas las decisiones equivocadas de tu vida
hicieron que llegaras aquí.
Bastó una correcta para alejarte.
 
 
 
 
Cosas que asocio con otras/
 
Las huellas de aviones supersónicos
dibujan autopistas aéreas.
Visto desde la altitud cero,
el jet se mueve a una velocidad falsa.
Lentitud que no lo es.
Silencio que tampoco.
 
 
 
El peso de las cosas/
La lluvia agujerea la arena, baña el lento y solitario paseo de Mrs. Potter. Su rastro apenas distinguible de aquel de las gotas. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. El mar se acerca y se va. Se acerca. Se va. Como un hábil comerciante, en cada viaje entrega lo que no es de su utilidad; a cambio, se lleva la sutil huella del invierno y la introspección.
 

 

 

 

Poemas de Luis Yuseff (cubano)

 

 

parece un Cristo —decían

algo latió en el estómago de mi madre

(una estrella violácea

girando vertiginosamente

dentro de ella)

 

un loco se inclinó

queriendo besarme los pies

y otro desprendía pequeños trozos

de piel blanqueada de sus puños

 

pero yo caminaba sin verlos

yo miraba y frente a mí nada se movía

 

un grito:

alguien golpeó al muchacho —escuché decir

 

mucho tiempo después

volví a escuchar

—dentro de la casa—

ese mismo grito

como si la estrella maligna

nunca hubiera dejado de girar

         girar

dentro de nosotros.

 

 

llegó a todos los extremos

—a los del aire y a los del cuerpo:

 

la fe de mi madre

se parece a esa mancha

 

como una uña negra

bordeándonos.

 

 

cuando dijo que no le dolía

yo supe que estaba agotándose

en su propio dolor

 

que en algo

se asemejaba a la rosa aquella

(reiterada por mí)

advertida por mi amigo

 

como la rosa

pero un poco más grave

sin la excusa

      quizás

de la poesía

 

la rosa

 

seca

en el vaso de aguas verdes

a los pies de la Virgen muda.

 

 

tengo miedo de esa mano

escarbando en el quicial de la ventana

la mano que mira dentro del hueco

                       que somos

 

(el hueco marcado por la mancha

               y la mancha que ahueca

la uña negra

de mi madre

y

el hueco de luz empobrecida

por la cal reciente

                 de las paredes

el hueco del árbol marchito

y el hueco que genera

todos los aromas fatales de este minuto)

 

esa mano que vuela

como una sombra

sobre nuestros rostros

y dicta sentencia:

 

—siempre será igual.

 

 

el calor dispersa cualquier idea lógica de escritura

un encajamiento de la palabra matriz

en la palma de mi mano

pudo haberme provocado “la fatiga”:

 

alguien hablaba sin cesar

—como esos hombres débiles

que acuden a los bares de pueblos pequeños

a llorar sus pérdidas—

y ese alguien insistía en el «grado cero»

              de la escritura

 

la escritura pienso (pero no le digo)

no puede ser ese «grado cero»

al que acuden todos los seres inteligentes

que vienen a verme

de vez en cuando

 

la escritura

pienso (pero no me deja decirlo

                —también me va dejando

 lo suficientemente agotado

como para hacer aclaraciones)

es una antorcha

en la magna existencia

una variante

sin mayor aplicación

pero de ningún modo puede ser

ese «grado cero»

donde uno deja de existir

para dar vida al poema

o el grado en que el poema deja de ser

para abrir paso a la vida

 

cualquier cosa puede ser la escritura

del poema

del grado

del cero —le digo

a este hombre—

pero usted

no se parece a «mi poema»

a mi cero

a este grado extremo

donde quedan exentos

los seres que exploran esas inmensidades

         reducidos al grado cero (su cero)

llevados a la razón de su verdad

          que podría ser lo que no existe

          ni en la vida

          ni en la escritura

pero que permanece solo

en esta obstinación mía

de no quererme encerrar en el embalaje

             definitivo

o de negar que el poema

«no pueda salvarme»

del congelamiento

              de la sangre

de la vergüenza de escribir/

 y escribir

sin manos

en el cero más absoluto.

 

 

cuando amaneció

ya él estaba allí

prendido el cigarrillo

burlando la custodia de la sala

velándole el sueño al hijo.

 

 

 

(sus zapatos estaban empapados de rocío pero el café todavía se podía

tomar/ a veces uno no logra explicarse cosas como estas).

 

a la vuelta

       de aquel sitio

—dos— tres palabras

no nacidas

circundando la mancha vieja

sobre el mantel

y la uña de mi madre

por el borde de la mancha

             nada más

 

es verano

(otra vez los framboyanes

            florecidos)

 

siento deseos

de vivir

 

lo sé

este dolor exige

(de mí)

otra escritura.

 

Luis Yuseff  (Holguín, Cuba, 1975). Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Actualmente se desempeña como editor principal de Ediciones La Luz. Ha compilado la obra de escritores jóvenes en los volúmenes Memoria de los otros (cuento) y El sol eterno (poesía). Tiene publicados El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002); Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín), Yo me llamaba Antonio Boccardo (Eds. Almargen), Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía), y Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas), todos en el 2004; Salón de última espera (Casa Editora Abril, 2007) y Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009); La rosa en su jaula (Ed. Oriente, 2010), y Los frutos de Taormina (Ed. Matanzas, 2010). Ha recibido varios premios, entre ellos: De la Ciudad de Holguín; Alcorta; Anual de poesía América Bobia y Pinos Nuevos, en el 2003; Premio Calendario (2005); Premio Nacional Adelaida del Mármol (2008); Premio Oriente José Manuel Poveda; José Jacinto Milanés y La Gaceta de Cuba, estos últimos en el 2009. Poemas suyos aparecen recogidos en varias antologías, revistas y periódicos de Canadá, Perú, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, España y Nueva Zelandia.

 

 

 

Cuatro poemas de Michel Houellebecq

 
 
So long/
 
Hay siempre una ciudad, con huellas de poetas
Que entre sus muros han cruzado sus destinos
Agua por todos lados, la memoria murmura
Nombres de gente, nombres de ciudades, olvidos.
 
Y siempre recomienza la misma vieja historia,
Horizontes deshechos y salas de masaje
Soledad asumida, vecindad respetuosa,
Hay allí, sin embargo, gente que existe y baila.
 
Son gente de otra especie, personas de otra raza,
Bailamos exaltados una danza cruel
Y, con pocos amigos, poseemos el cielo,
Y la solicitud sin fin de los espacios;
 
El tiempo, el viejo tiempo, que urde su venganza,
El incierto rumor de la vida que pasa
El silbido del viento, el goteo del agua
Y el cuarto amarillento en que la muerte avanza.
 
(Le sens du combat, IV)
 
 
 
El amor, el amor/
 
En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.
 
He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Seductores, algunos; esos siempre seducen,
Los otros sobrenadan.
 
El destino no existe ni la fidelidad,
Mera atracción de cuerpos.
Sin apego ninguno, sin ninguna piedad,
Juegan y se desgarran.
 
Seductores algunos, por ende, codiciados,
Llegarán al orgasmo.
Hartos ya, tantos otros, no tienen ni siquiera
Deseos que ocultar;
 
Sólo una soledad que acentúa el impúdico
Goce de las mujeres;
Tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
Pequeño drama obscuro.
 
Morirán es seguro algo desencantados,
Sin ilusiones líricas;
Practicarán a fondo el arte de despreciarse,
De modo bien mecánico.
 
A quienes nunca fueron amados me dirijo,
A quienes no gustaron;
A los ausentes todos del sexo liberado,
Del placer ordinario;
 
No temáis nada, amigos, mínima es vuestra pérdida:
No existe, no, el amor.
Es sólo un juego cruel cuyas víctimas sois;
Juego de especialistas.
 
(La poursuite du bonheur)
 
 
 
 
Es cierto/
 
Es cierto que este mundo en que nos falta el aire
Sólo inspira en nosotros un asco manifiesto,
Un deseo de huir sin esperar ya nada,
Y no leemos más los títulos del diario.
 
Queremos regresar a la antigua morada
Donde el ala de un ángel cubría a nuestros padres,
Queremos recobrar esa moral extraña
Que hasta el postrer instante santifica la vida.
 
Queremos algo como una fidelidad,
Como una imbricación de dulces dependencias,
Algo que sobrepase la vida y la contenga;
No podemos vivir ya sin la eternidad.
 
(La poursuite du bonheur)
 
 
 
No es eso.../
 
No es eso. Trato de conservar mi cuerpo en buen estado. Quizás esté muerto, no lo sé. Hay algo que habría que hacer y que no hago. No me lo han enseñado. Este año he envejecido mucho. He fumado ocho mil cigarrillos. Me ha dolido, a menudo, la cabeza. No obstante debe haber una manera de vivir; algo que no se encuentra en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año al otro apenas si reconozco las caras.
No respeto al hombre; sin embargo, lo envidio.
 
(Renaissance)
 
 
 

 

"Miguel Hernández hoy sería comunista"… El poema del 1 de mayo.

Por: Javier Rodríguez Marcos, El País, Madrid, 1 de mayo de 2012.

Es cierto, parece que Jorge Riechmann va camino de convertirse en nuestro poeta de cabecera con ocasión de paros parciales y huelgas generales, pero ya lo dijo, más o menos, Manuel Vázquez Montalbán en Pero el viajero que huye: ¿cómo de negras se tienen que poner las cosas para que nos salga, de nuevo, social la poesía? Camino del negro-oscuro-casi-blanco, allá va otro poema de Riechmann, de su último libro, El común de los mortales (Tusquets). Y sí, ya sabemos, lo obvio. De eso, precisamente, trata el poema que precede a este. Se abre con estos versos: “Obviedades: / una civilización que es capaz de situar astronautas en la Luna / pero no logra acabar con el hambre / es un enorme fracaso”. Se titula “De nuevo las obviedades”. ¿Demagogia? O cuestión de prioridades. Ejercicio demagógico para el próximo Consejo de ministros: “A ver, recortemos: ¿Educación y Sanidad o Defensa?”.

 

PRIMERO DE MAYO DE 2010

 

“Vivos y muertos se encuentran en mi sueño / como representantes de dos pueblos enemigos / en un tercer país. // Y mi cara es la cara del vencido pintada con los colores del vencedor.”

Yehuda Amijai, Herodium, en Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad, 1973

 

“Que mis muertos me ayuden ahora.”

John Berger (Lila y Flag)

 

 

1

 

Miguel Hernández hoy

sería comunista

  

es decir: lucharía

por los derechos de las nutrias

 

por el equilibrio climático del planeta

contra los daños a las mujeres

 

y por la misma justicia social

que le movía entonces

 

 

2

 

El líder sindical perora

ante unas masa obreras muy menguadas

 

Las turistas en shorts

con rubias piernas larguísimas

pasean su indiferencia a escasos metros de la tribuna

 

Algunos asistentes consultas la hora

en sus teléfonos móviles:

casi las dos de la tarde

 

El sol aprieta

 

Junto a las pancartas

 “Por el empleo con derechos

 y la garantía de las pensiones”

 

se mezclan otras:

“Santería milagrosa

CONSÚLTATE YA!”

 

Alguien recuerda la observación

de un sindicalista italiano de la CGIL:

¿por qué los líderes obreros les gritan a los obreros

y les susurran a los empresarios?

 

Algún periodista

bosteza

 

 

3

 

Las palabras

vivas

no pueden hallarse en contradicción

con los hechos de la vida cotidiana

 

Cuando lo que se dice

choca frontalmente contra lo que se hace:

palabras zombis

palabras hueras

palabras muertas

palabras corruptas

 

  

4

 

La racionalidad es un cubito con agua

la irracionalidad es un pantano entero

o más bien el conjunto de los pantanos del mundo

perturbando gravemente miles de cuentas hidrográficas

sobrerreguladas

 

¿Cómo se pudo pensar alguna vez

que nuestro problema consistía

en el exceso de razón?

 

5

 

Derrotados

que no se dan por vencidos

 

Estamos en derrota

-decía Claudio Rodríguez-

nunca en doma

 

6

 

No sabemos

cuidar de nosotros mismos

 

Océanos

bosques

marismas

glaciares

atolones:

 

ayudadnos

 

7

 

Aprendemos

a encontrar nuestro camino en el bosque

 

y luego aprendemos a perderlo

con una clase de aprendizaje

distinto

 

En homenaje a Miguel Hernández

[por Jorge Riechmann, del libro El común de los mortales. Tusquets, 2011]

 

 

 

 

Lo que hay que decir

por Gunter Grass

 

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor...

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

 

 

Gunther Grass

Premio Nóbel de Literatura

Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán se publica hoy en el diario Süddeutsche Zeitung.

 

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/03/actualidad/1333466515_731955.html

 

 

 

 

 

DELIRIO DEL INCRÉDULO, poema de María Zambrano

 

Bajo la flor, la rama

sobre la flor, la estrella

bajo la estrella, el viento.

¿Y más allá? Más allá ¿no recuerdas?, sólo la nada

la nada, óyelo bien, mi alma

duérmete, aduérmete en la nada

si pudiera, pero hundirme.

 

Ceniza de aquel fuego, oquedad

agua espesa y amarga

el llanto hecho sudor

la sangre que en su huida se lleva la palabra

y la carga vacía de un corazón sin marcha.

De verdad ¿es que no hay nada? Hay la nada

y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

 

Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha

en el soplo de tu aliento.

Mira en tu pupila misma dentro

en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

 

Mas no puedo. Ojos y oídos son ventanas.

Perdido entre mí mismo no puedo buscar nada

no llego hasta la Nada.

 

 

 

Ernesto Sábato / Poema sobre héroes y tumbas

 

Tal vez a nuestra muerte el alma emigre:
a una hormiga,
a un árbol,
a un tigre de bengala;
mientras nuestro cuerpo se disgrega
entre gusanos
y se filtra en la tierra sin memoria,
para ascender luego por los tallos y las hojas,
y convertirse en heliotropo o yuyo,
y después en alimento del ganado,
y así en sangre anónima y zoológica,
en esqueleto,
en excremento.

Tal vez le toque un destino más horrendo
en el cuerpo de un niño
que un día hará poemas o novelas,
y que en sus oscuras angustias
(sin saberlo)
purgara sus antiguos pecados de guerrero o criminal,
o revivirá pavores,
el temor de una gacela,
la asquerosa fealdad de comadreja,
su turbia condición de feto, cíclope o lagarto,
su fama de prostituta o pitonisa,
sus remotas soledades,
sus olvidadas cobardías y traiciones.

 

 

Gonzalo Rojas /  CONTRA LA MUERTE

 

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.

No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.

Prefiero ser de piedra, estar oscuro,

a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír

a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad

en mitad de la calle y hacia todos los vientos:

la verdad de estar vivo, únicamente vivo,

con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas

a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos

con volar más allá del infinito

si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir

fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.

Pero respiro, y como, y hasta duermo

pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme

de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,

pero no puedo ver cajones y cajones

pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto

llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver

todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro

la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento

de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,

porque yo mismo soy una cabeza inútil

lista para cortar, pero no entender qué es eso

de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río

de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre

que me devora, el hambre de vivir como el sol

en la gracia del aire, eternamente.

 

 

 

Selección de poemas de Fina García Marruz, Premio Reina Sofía 2011 de Poesía Iberoamericana.

Poesía de Fina García Marruz.pdf (72,9 kB)

 

 

Juego de Imágenes: Antología de Poesía Dominicana Contemporánea, selección de Frank Martínez

Antología de Poesía Dominicana Contemporánea.pdf (3,7 MB)

 

 

Selección de poemas del gran poeta martiniqués Aimée Césaire

Selección de Poemas de Aimée Césaire.pdf (91,5 kB) 

 

 

La Metamorfosis de Narciso, poema de Salvador Dalí, traducido al castellano por el poeta colonense Edison Simons

 

MANUSCRITO

El óleo Metamorfosis de Narciso se expone temporalmente en el Teatro-Museo Dalí acompañado de un curioso libro que Dalí conservó toda su vida. Se trata de un volumen encuadernado con pergamino formado por la edición francesa del poema, publicada por Éditions Surrealistes de París con correcciones en la segunda página y un ejemplar de la versión inglesa a cargo de la Julien Levy Gallery de Nueva York. Además encontramos dos esbozos a lápiz del óleo y un borrador del poema, en francés, a tinta azul sobre papel de carta del hotel Arlberg-Wintersporthotel Alpenrose-post und Arlberg-Haus. Los dibujos, el manuscrito y las dos publicaciones van acompañadas de tres fotografías de Cecil Beaton, firmadas por el fotógrafo.

 

LA METAMORFOSIS DE NARCISO

Poema paranoico

MODO DE OBSERVAR VISUALMENTE EL TRANSCURSO DE LA METAMORFOSIS DE NARCISO REPRESENTADA EN MI CUADRO Si se contempla durante algún tiempo, con una ligera distancia y cierta «fijeza distraída», la figura hipnóticamente inmóvil de Narciso, ésta desaparece gradualmente, hasta volverse absolutamente invisible. La metamorfosis del mito tiene lugar en ese preciso momento, ya que la imagen de Narciso se transforma súbitamente en la imagen de una mano que surge de su propio reflejo. Esa mano sostiene con la punta de los dedos un huevo, una simiente, el bulbo de donde nace el nuevo Narciso, la flor. Al lado, se puede observar la escultura calcárea de la mano, mano fósil del agua que sostiene la flor abierta. EL PRIMER POEMA Y EL PRIMER CUADRO OBTENIDO ENTERAMENTE SEGÚN LA APLICACIÓN ÍNTEGRA DEL MÉTODO PARANOICO-CRÍTICO Por primera vez, un cuadro y un poema surrealistas implican objetivamente la interpretación coherente de un tema irracional desarrollado. El método paranoico-crítico comienza a constituir el conglomerado indestructible de los «detalles exactos» que reclamaba Stendhal para la descripción de la arquitectura de San Pedrode Roma, y ello en el ámbito de la más paralizante poesía surrealista. El lirismo de las imágenes poéticas sólo es filosóficamente importante cuando logra, en su acción, la misma exactitud que obtienen los matemáticos en la suya. El poeta debe, ante todo, demostrar lo que dice.

2

Primer Pescador de Port Lligat: «¿Qué le pasa a ese muchacho que se pasa el día mirándose en el espejo?». Segundo Pescador: «Si quieres que te lo diga (bajando la voz): tiene una cebolla en la cabeza». «Cebolla en la cabeza», en catalán, corresponde exactamente a la noción psicoanalítica de «complejo». Si uno tiene una cebolla en la cabeza, ésta puede florecer de un momento a otro, ¡oh Narciso! Bajo el desgarrón de la negra nube que se aleja la balanza invisible de la primavera oscila en el cielo nuevo de abril. Sobre la más alta montaña, el dios de la nieve, su cabeza deslumbrante inclinada sobre el espacio vertiginoso de los reflejos se derrite de deseo en las cataratas verticales del deshielo aniquilándose ruidosamente entre los gritos excrementales de los minerales o entre los silencios de los musgos, hacia el lejano espejo del lago en el que desaparecidos los velos del invierno, acaba de descubrir el relámpago fulgurante de su imagen exacta. Se diría que con la pérdida de su divinidad la alta llanura entera se vacía, desciende y se derrumba entre las soledades y el silencio incurable de los óxidos de hierro mientras que su peso muerto levanta toda entera hormigueante y apoteósica la planicie de la llanura donde camino ya se abren hacia el cielo los surtidores artesianos de la hierba y que suben, rectas, tiernas y duras, las innumerables lanzas florales de los ejércitos ensordecedores de la germinación de los narcisos.

3

Ya el grupo heterosexual, en las famosas posturas de la expectación preliminar, pesa concienzudamente el cataclismo libidinoso, inminente, eclosión carnívora de sus latentes atavismos morfológicos. En el grupo heterosexual en esta suave fecha¹ del año (pero sin exceso querida ni dulce), se encuentran el Hindú áspero, aceitado, azucarado como un dátil de agosto, el Catalán de espaldas serias, y bien plantado en una cuesta-pendiente, con un Pentecostés, de carne en el cerebro, el Alemán rubio y carnicero, las brumas morenas de las matemáticas en los hoyuelos de sus rodillas nubosas, se encuentran la Inglesa, la Rusa, la Sueca, la Americana y la gran Andaluza tenebrosa, robusta de glándulas y olivácea de angustia. Lejos del grupo heterosexual, las sombras de la tarde avanzada se alargan en el paisaje y el frío invade la desnudez del adolescente rezagado al borde del agua. Cuando la anatomía clara y divina de Narciso se inclina sobre el espejo oscuro del lago, cuando su blanco torso doblado hacia delante se paraliza, helado, en la curva argentada e hipnótica de su deseo, cuando pasa el tiempo sobre el reloj de flores de la arena de su propia carne. Narciso se aniquila en el vértigo cósmico en lo más hondo del cual canta la sirena fría y dionisíaca de su propia imagen. El cuerpo de Narciso se vacía y se pierde en el abismo de su reflejo, como el reloj de arena al que no se dará la vuelta.

4

Narciso, pierdes tu cuerpo, arrebatado y confundido por el reflejo milenario de tu desaparición, tu cuerpo herido mortalmente desciende hacia el precipicio de topacios de los restos amarillos del amor, tu blanco cuerpo, engullido, sigue la pendiente del torrente ferozmente mineral de negras pedrerías de perfumes acres, tu cuerpo... hasta las desembocaduras mates de la noche al borde de las cuales ya destella toda la platería roja de las albas de venas rotas en «los desembarcaderos de la sangre²». Narciso, ¿comprendes? La simetría, divina hipnosis de la geometría del espíritu, colma ya tu cabeza con ese sueño incurable, vegetal, atávico y lento que reseca el cerebro en la sustancia apergaminada del núcleo de tu próxima metamorfosis. La simiente de tu cabeza acaba de caer al agua. El hombre regresa al vegetal y los dioses por el pesado sueño de la fatiga por la transparente hipnosis de sus pasiones. Narciso, tan inmóvil estás que parecería que duermes. Si se tratara de Hércules rugoso y moreno, se diría: duerme como un tronco en la postura de un roble hercúleo. Mas tú, Narciso, formado por tímidas eclosiones perfumadas de adolescencia transparente, duermes como una flor de agua. Ahora se aproxima el gran misterio, ahora tendrá lugar la gran metamorfosi. Narciso, en su inmovilidad, absorto en su reflejo con la lentitud digestiva de las plantas carnívoras, se vuelve invisible. No queda más de él que el óvalo alucinante de blancura de su cabeza, su cabeza de nuevo más tierna, su cabeza, crisálida de segundas intenciones biológicas, su cabeza sostenida con la punta de los dedos del agua, con la punta de los dedos, de la mano insensata, de la mano terrible, de la mano coprofágica, de la mano mortal de su propio reflejo. Cuando esa cabeza se raje, cuando esa cabeza estalle, será la flor, el nuevo Narciso, Gala, mi narciso.

¹ «Fecha» considerada como «materia».

² Federico García Lorca

Traducción al castellano de Edison Simons

© Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2008

 

 

4 Poemas de Marilyn Monroe

 

Ay maldita sea me gustaría estar muerta

–absolutamente no existente–

ausente de aquí –de

todas partes pero cómo lo haría

siempre hay puentes –

el puente de Brooklyn

Pero me encanta ese puente

(todo se ve hermoso desde su altura

y el aire es tan limpio)

al caminar parece

tranquilo a pesar de tantísimos

coches que van como locos

por la parte de abajo.

Así que

tendrá que ser algún otro puente

uno feo y sin vistas –salvo que

me gustan en especial todos los puentes –

tienen algo y además

nunca he visto un puente feo

Socorro, socorro.

Socorro.

Siento que la vida se me acerca

cuando lo único que quiero

es morir.

Grito –empezaste y terminaste en el aire-

pero ¿qué hubo en medio?

 

¡¡¡Sola!!!

Estoy sola -siempre estoy

sola

sea como sea

 

Vida

–soy de tus dos direcciones

De algún modo permaneciendo colgada hacia abajo

casi siempre

pero fuerte como una telaraña

al viento

-existo más con la escarcha fría

resplandeciente

Pero mis rayos con abalorios son del color

que he visto en un cuadro –

ah vida

te han engañado

 

Marilyn Oculta…

Pensábamos que sabíamos todo sobre ella. Pero el mito de Hollywood guardaba un secreto: tenía la necesidad compulsiva de escribir sus sentimientos. Aparece ahora un libro con textos y poemas inéditos que revelan el lado más íntimo y desgarrado de la actriz. El País Semanal lo presenta en exclusiva. 'Fragmentos', editado en España por Seix Barral, sale a la venta el 6 de octubre.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Marilyn/oculta/elpepusoceps/20101003elpepspor_8/Tes

 

 

 

Cinco poemas de Brandon Smith (poeta norteamericano joven)

14.01.2011 20:40

 

Publicamos, a continuación, cinco poemas del poeta Brandon Smith, de 24 años, natural de Norht Carolina, USA. Estos poemas están siendo traducidos al castellano y su traducción aparecerá en esta misma sección en pocos días.  Para cualquier comunicación con el poeta, su email es: idunnopoetry@gmail.com

 

Scars

Skin is thin and unbroken,
Like words of hate, left unspoken,
Until the blade of conflict cuts,
The skin that spreads, as opened up.

The blood flows out like crimson streams,
Surrounds and drowns the strongest screams,
Until the river Red runs dry,
All else is left alone to die.

The wound, it slowly closes up,
And mends until it closes shut,
It hides the pain it felt before,
But waits for pain that's left in store.

Scars appear where wounds once healed,
And still reveal where holes were sealed,
Remind of times of massive loss,
When losing canceled out the cost.

The only thing prolonging pain,
Are memories inside the brain,
That if erased, would put to rest,
Reminders of the pain that's left.

 


Same

I'm staring at before
And now for sake of grief
I'm lying to myself
And playing make-believe
Pretending what we were
Was more than what it was
And though I may embellish it
It matters not, because...

The painting's still the same
No matter how I frame it
The object's what it is
No matter what I name it
And history stands firm
I cannot re-arrange it
The past will stay the same
And I can never change it

I'm staring at our end
Back to when we finished it
I lie about the pain
Hoping to diminish it
Pretending that it hurts
A lot less than it does
And though I minimize it
It matters not, because...

The painting's still the same
No matter how I frame it
The object's what it is
No matter what I name it
And history stands firm
I cannot re-arrange it
The past will stay the same
And I can never change it

And time will come and go
With no way to re-gain it
The past is still the past
However I explain it
Pretend it's something else
And try so hard to feign it
But the past is still the same
And I can never change it

 

Seeds of Love

Weave me dreams I can't conceive
But leave the seams so I'll believe
And understand all in this land
Was planned and formed by Dancing Hands

That all expanse of plants and trees
Were planted so I'd glance and see
Remind each time I pant and breathe
For answers that You've answered me

This cancer is a chance to see
That even ants, You grant their needs
So when I guess You can't for me
The Seeds of Love You plant for me

 

 

Rainy Seasons

We were together just a season
Still, effects have lasted years
And we never find a reason
When our Fates decide to veer
From where we thought we just might go
We find we've ended up right here
And though we stooped to quite a low
We never had the slightest fear

For nothing's ever really over
Happy is never the end
Good and Bad times fight each other;
Neither one shall ever win
We will receive from life that which
We choose to purposefully send
'Cause sometimes wounds might need a stitch
If there be hope that they will mend

And when complete, it will begin
And then we'll start it all anew
And like a circle or a spin
We'll find our path is nothing new
For we traversed this way before
And swore we never more would do
'Cause nothing's worse than when it pours
But ask the grass how much it grew

Without the moisture of the rain
How can we ever hope to grow?
Sometimes it takes a bit of pain
Before you truly know you know
So if you ever reach a place
You're set, expecting where you'll go
Then be prepared to have to face
The swiftest shifting of the Flow

 

Anagogic (Positive Vibes)

My heart doesn't beat at the same frequency, you see
Cause for me it beats a sweet heavenly melody
That is free to them that see peace and ease
Instead of tragedy
Who see good instead of the bad they had to see
Who stay glad, not mad
By saying can't and flee
Whose answers see
The expanse of dreams
And what there's chance to be

Cause if you can't believe
Then you can't receive
And can't conceive
Of your prayer's answering

So can't you see
That there's no can't for me?
No chance I'll flee
Just straight advance
I'm free

To take this key
And re-shape what I will be
If I agree
With positivity