La Poesía de Michel Houellebecq

11.09.2012 18:00

 

La posibilidad de una poesía. Poesía incolora, transformadora, revolucionaria. Poesía que no consienta la emoción para que la inteligencia reine. Poesía negadora del yo, traidora a su origen (el autor) y a su patria (el lector). Verso limpio, sin cicatrices de tradición ni estigmas de futuro. Poesía fértil, rota. ¿Posibilidad o utopía? 
 
De él dicen que es controvertido. En absoluto: es Houellebecq. Su preposición favorita es contra: contra la sumisión, contra la insumisión, contra el contra. A Houellebecq parece no gustarle absolutamente nadie, pero eso no le convierte en misántropo. Se siente a disgusto en cualquier sociedad, y sin embargo la sublevación no le interesa, o le da pereza. Desciende de una extraña estirpe de raros de bendita rareza a la que pertenecieron Swift y Borges. Está muy solo, o igual de solo que el resto, sólo que él se da cuenta. A menudo su nombre aparece asociado al de Sartre, pero nunca he entendido por qué. Houellebecq sólo puede existir en un universo post-sartreano. Su sentido del humor es oscuro, invita a la desesperación y no a la reflexión. A semejanza de Baudelaire, o de alguien bastante maldito, cree en la vida como absurdo supremo, pero cree. Escribe sobre ello. Eso es lo peor: negarnos a la renuncia. 
 
Houellebecq nos convoca a hundirnos con él, y allá vamos todos, entusiasmados en nuestra derrota. En cierto sentido, toda su poesía es una glosa a los oasis de horror en los desiertos de aburrimiento. Es también una arenga a la armada de los sensatos, para que no den el siguiente paso, el lógico, hacia la cobardía. Se trata de no hacer nada, pero hacerlo a conciencia: asumir la responsabilidad de nuestra propia irresponsabilidad. Uno de los pensamientos más recurrentes mientras lo lees es: ¿me atrevería yo a escribir esto? O mejor: ¿me atrevería yo a pensar esto? Se parece mucho a la libertad, o a algún poderoso placebo. 
 
Como toda ficción con pretensiones intelectuales cumplidas, la poesía de Houellebecq tiende a la sátira, a la distopía, a marcos más amplios: la gran estructura de las cosas. El mundo en el que respira y muere recuerda a Laputa o a la Biblioteca de Babel: espacios monstruosos, monumentos a la razón humana o divina (es lo mismo) y absolutamente inútiles, cuando no destructivos. Como Gulliver entre los Houyhnhnms o Borges lejos de Bioy Casares, Houellebecq se siente desarraigado, y eso le incomoda. “No respeto al hombre; no obstante, lo envidio” lo acoge en un sistema de pensamiento más próximo a Plauto que a Hobbes, su discípulo. 
 
Houellebecq odia a Platón porque Platón es inofensivo: “Creed en la identidad entre lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno”. A él le importan los hombres que son lobos, para otros hombres y para sí mismos. La virtud no es más que una cualidad sublimada y el defecto no existe. La lucha es un comportamiento ridículo, como lo es la ilusión y la esperanza. Es necesario vaciar de contenido al ser humano para limpiar su fondo, envenenado después de milenios de filosofía descerebrada. Y si uno tuvo el infortunio de resultar poeta, debe asumir su condición y no pedir demasiadas disculpas por ella: “El poeta es un parásito sagrado. A semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición. Pero también hay lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales”. 
 
El ars poetica de Houellebecq es la más aterradora de todos los tiempos, porque no la respalda mito alguno. Narra la desconsolada miseria de una criatura que intenta crear verdad (y belleza, y bondad) usando sonidos que salen de su garganta. Cuando eres poeta, la gente suele reírse de ti, y a veces te da premios. Hiperconsciente de su gloria presente e inminente caída, Houellebecq procede a exterminar su ego (que te incluye a ti y a mí) por el método de negar su existencia. Es sólo una posibilidad. Como la poesía. 
 
Fuerte y noble como sus novelas, Poesía son cuatro: Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento. La década de los 90, en verso. Los primeros que se tomaron la felicidad en serio fueron los padres fundadores de Estados Unidos, quienes hicieron de su búsqueda un derecho equiparable a la vida y a la libertad. Cuando Jefferson enunció esto, no sabía lo que hacía. Sus palabras cambiaron el curso de la historia y del corazón humano, e hicieron posible a Houellebecq. De su verso “No temáis a la felicidad: no existe” lo que importa no es la inexistencia, sino el temor. (Jefferson ya sabía que la felicidad no existe, por eso especificó como derecho su búsqueda.) Lo que el hombre legisla, el hombre lo controla. Pero no hay ley capaz de dominar la vida, la libertad o los sueños. 
 
Cuando Houellebecq habla de sobrevivir, no está siendo metafórico: se trata de no morir de hambre o de horror o de dolor. Conjurador de la alienación por excelencia, detalla el catálogo de humillaciones que deberemos padecer durante años si deseamos seguir manteniendo vivo el amasijo de órganos que nos permiten pensar. Basta con alimentarlo periódicamente y no sucumbir al pánico de ser mortales. No hay vida digna, como no hay muerte digna. Vida y muerte: eso sí hay. Y que se sepa, los muertos no escriben poesía. Así pues, a vivir se ha dicho. 
 
Es como una aleación desconocida entre nosotros, kriptonita poética. No es de extrañar que Houellebecq moleste tanto a tantos: lo raro es que le publiquen algo, y que encima la gente lo lea. Naturaleza o arte, Dios o mundo, esto que soy o el otro que eres: él lo refuta todo, excepto la fuerza vital que nos vuelve bestias de supervivencia o nos seduce con el suicidio, dependiendo del día. Somos resistentes, sexuales, creativos: no somos puros sino en la muerte. Somos animales que nadie diviniza. Houellebecq extrae el diamante de la condición humana y nos muestra que es sólo carbón. La pregunta es: ¿por qué reaccionar ante nada? “Nosotros estamos en la posición eterna del vencido”, dice. No luches con nadie, porque nadie merece tu lucha, dice con Landor. 
 
Houellebecq es un Titán mediático, sabe liderar a los consumidores de ficción, que somos poderoso ejército. Nos hace codiciables para las corporaciones y la industria del entretenimiento. Yo leo “El cuerpo de la identidad absoluta” e inmediatamente amo al amo de esa secuencia de palabras. No existen buenos poetas, sólo personas especialmente aptas para la manipulación por medio del lenguaje. Lo que llamamos grandeza no existe: sólo la posibilidad de poesía. No posibilidad: poesibilidad. 
 
LOS ALGEBRISTAS 
 
Ellos flotaban en la noche cerca de un astro inocente,
Observando el nacimiento del mundo,
El desarrollo de las plantas
Y el impuro pulular de las bacterias;
Ellos venían de muy lejos, tenían todo el tiempo por delante. 
 
Ellos en realidad no tenían
Ni idea sobre el porvenir,
Veían cómo el tormento
La penuria y el deseo
Se instalaban sobre la Tierra,
Entre los seres vivos,
Ellos conocían la guerra,
Ellos cabalgaban el viento. 
 
Ellos se reunieron en la orilla del estanque,
La neblina se levantaba y reanimaba el cielo.
Recordad, amigos, las formas esenciales;
Recordad al hombre. Recordadle largo tiempo. 
 
 
ÚLTIMA MURALLA CONTRA EL NEOLIBERALISMO 
 
Nosotros rechazamos la ideología liberal porque ésta es incapaz 
de proporcionar un sentido, una vía para la reconciliación del 
individuo con su semejante en el seno de una comunidad que 
pueda ser calificada de humana,
 
Y, por otra parte, el fin que se propone incluso es del todo distinto. 
 
Nosotros rechazamos la ideología liberal en nombre de la 
encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio y 
con el mismo espíritu con el que los antiguos profetas 
invocaban la ruina y la maldición sobre Jerusalén,
Y Jerusalén cayó, y no tardó menos de cuatro mil años en 
volver a levantarse. 
 
Es algo probado, e indiscutible, que todo proyecto humano se 
ve evaluado, cada vez más, en función de criterios puramente 
económicos,
De criterios absolutamente numéricos,
Memorizables en archivos informáticos.
Esto no es aceptable y nosotros debemos luchar para que se ponga 
a la economía bajo tutela y para que ésta se someta a ciertos
criterios que me atrevería a llamar éticos,
Y es que cuando se despide a tres mil personas y oigo chalanear 
sobre el coste social de la operación me entran unas ganas locas 
de estrangular a media docena de consejeros auditores,
Lo que constituiría una excelente operación,
Una depuración absolutamente benéfica,
Una operación prácticamente higiénica. 
 
Confíen en la iniciativa individual, eso es lo que ellos repiten 
por todas partes, lo que por todas partes van repitiendo como 
esos viejos despertadores cuyo uniforme tictac bastaba 
generalmente para sumirnos en un insomnio fatigante y 
definitivo,
A eso, yo sólo puedo responder una cosa, que surge de una 
experiencia a la vez desconsoladora y repetitiva,
Y ésta es que el individuo, me refiero al individuo humano, es 
muy por lo general un animalejo a la vez cruel y miserable,
Y que sería completamente inútil confiar en él a menos que se 
viese rechazado, encerrado y mantenido dentro de los 
principios rigurosos de una moral inexpugnable,
Cosa que no sucede. 
 
En una ideología liberal, se entiende. 
 
 
DEBEMOS DESARROLLAR UNA ACTITUD DE NO-RESISTENCIA AL MUNDO 
 
Debemos desarrollar una actitud de no-resistencia al mundo;
Lo negativo es negativo,
Lo positivo es positivo,
Las cosas son.
Las cosas aparecen, se transforman,
Y luego cesan simplemente de existir;
El mundo exterior, en cierto modo, viene dado. 
 
El ser perceptivo es parecido a un alga, 
Una cosa repugnante y muy blanda, 
Fundamentalmente femenina
Y es eso lo que debemos alcanzar
Si es que queremos hablar del mundo 
Simplemente, hablar del mundo. 
 
No hemos de parecernos a quien trata de plegar el mundo a sus 
deseos,
A sus creencias
Pese a ello nos está permitido tener deseos,
E incluso creencias
En número limitado.
Después de todo, formamos parte del fenómeno,
Y, a título de ello, somos eminentemente respetables.
Como los lagartos. 
 
Como los lagartos, nos calentamos al sol del fenómeno 
Esperando la noche
Pero nosotros no nos batiremos,
Nosotros no debemos batirnos,
Nosotros estamos en la posición eterna del vencido. 
 
 
HIPERMERCADO - NOVIEMBRE 
 
Primero tropecé con un congelador.
Me asusté un poco y me puse a llorar.
Alguien masculló que yo rompía el clima; 
Para parecer uno más, seguí adelante. 
 
Barriobajeros embrutecidos de mirada animal 
Se cruzaban sin prisa junto al agua mineral.
De entre los anaqueles llegaba un rumor
Como de circo y desmadre. Se me torcieron los pasos. 
 
Me empotré en el mostrador de los quesos; 
Había dos viejas comprando sardinas.
Una se volvió y le dijo a la otra:
«Hay que ver qué pena, un chico de su edad.»
Y luego vi unos pies, circunspectos y anchos: 
Era un vendedor que tomaba medidas.
Muchos se sorprendieron con mis nuevos zapatos; 
Una última vez me quedé un poco al margen. 
 
 
TRANSPOSICIÓN, CONTROL 
 
La sociedad es quien establece las distinciones
Y los procedimientos de control
Hago acto de presencia en el supermercado, 
Interpreto muy bien mi papel. 
 
Asumo mis diferencias,
Delimito mis exigencias
Y abro la mandíbula,
Mis dientes están un poco negros. 
 
El precio de las cosas y los seres se tasa por consenso 
transparente 
Donde intervienen los dientes,
La piel y los órganos,
La belleza que se marchita. 
 
Ciertos productos con glicerina
Pueden constituir un factor de plusvalía parcial;
Decimos: «Es usted hermosa»;
El terreno está minado. 
 
El valor de los seres y las cosas es generalmente de una precisión extrema Y cuando decimos: «Te quiero»
Establecemos una crítica,
Una aproximación cuántica,
Escribimos un poema. 
 
 
EXHIBICIÓN 
 
Pendiente de tus palabras,
Caminaba por la plaza al azar
Los cielos se abrían, y yo debía representar un papel 
En algún sitio. 
 
Desplegada, la cascada muerta 
Derramaba fragmentos de gel 
Alrededor de mi arteria aorta, 
Me sentía superficial. 
 
Volcán de palabras superfluas,
Olvido de relaciones humanas
Existe un mundo en que la gente se mata, 
Existe un mundo entre nuestras venas. 
 
La aquiescencia de este mundo es sencilla 
Si uno se resigna a perder la felicidad
La palabra no es inútil,
Llega justo antes de la hora 
 
En que los fragmentos de vida estallan, 
Se ordenan con serenidad
Al fondo de un ataúd decorado
Terciopelo helado, madera antigua, viejo rosa. 
 
Terciopelo como una gaseosa 
Que chisporrotea a flor de piel, 
Cribado como una piel nómada 
Que se desgarra en finos jirones 
 
En un universo de atrezzo,
Un universo donde todo es bello 
En un universo de exhibición, 
En un universo en jirones.
 

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