Alfonsina Storni: una biografía en prosa por sus años hostiles

06.09.2012 02:29

 

POR IVANNA SOTO

http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Alfonsina-Storni-No-he-dicho-Maria-Marta-Guitart_0_764923758.html

 

Basta imaginársela, pequeña ella, bajo un poncho inmenso que la protegía del mundo, del dolor físico de su enfermedad, de la vida. “Voy a dormir” fue el último poema de Alfonsina Storni, que escribió una madrugada del 25 de octubre de 1938, antes de dejar el hotel. Y el final todos lo saben.

A 120 años de su nacimiento, No he dicho, de María Marta Guitart, cuenta las últimas horas de Alfonsina Storni en Mar del Plata, a través de sus versos. Un recorrido que va desde La inquietud del rosal, su primer libro, hasta el esbozo final en los antisonetos de Mascarilla y trébol. “Me empobrecí porque entender abruma”, solloza en su último diálogo con el mar, como si le contase todo lo que no soportó, lo que no comprendió incluso alguien como ella que sobreentendió el mundo pero no pudo con eso. Así, en escena, una mujer, al tiempo que florece, estalla. “No he dicho lo mejor que está en mi corazón,/ no sé si alguna vez lo extraeré de mí,/ cuesta mucho dolor, mucha fatiga,/ harta estoy de sufrir,/ y como nada vale nada acaso,/ pues me tumbo a dormir”. Desnuda en carne y alma, después de todo, dice que no ha dicho. Es que, a pesar de todo, no ha dicho.

 

La poesía en el teatro

Todo comenzó como un pedido de la Casa del Bicentenario para formar parte del un ciclo sobre la poesía de diferentes autoras argentinas. Pero el fantasma de Alfonsina ya la había seguido de cerca a Guitart. Una actuación en un carromato en la Feria del Libro de 2006 donde había encarnado a Alfonsina y un cortometraje poético llamado Alas de sal fueron la precuela de esta obra.

“Empecé a enamorarme de la obra de Alfonsina”, confiesa Guitart que, en un cuarto onírico, le pone el cuerpo a cada una de las palabras de sus poemas. Y cree revivir así, dice, cada fragmento de su vida. “Yo no me propongo en el espectáculo encarnar a Alfonsina Storni desde el personaje, sino que el personaje aparece desde su poesía, porque lo que yo transito son sus propios poemas”, cuenta. De ahí que todo el espectáculo esté compuesto íntegramente por las palabras de la poeta, sin ningún agregado. Con sutileza y cuidado, Guitart fue diseccionando, armando y desarmando cada parte de su vida reflejada en sus poemas de tal manera que aparece la voz del personaje en forma de monólogo teatral.

De la mano del piano en vivo de Carolina Ison y dibujos de Sol Storni, sobrina nieta de Alfonsina, que se proyectan en el espectáculo, No he dicho se convierte así en una suerte de biografía en prosa por sus años hostiles, su infancia pobre en San Juan, su relación con un padre depresivo, su experiencia como actriz ambulante en una compañía de teatro y como maestra rural en Rosario, su embarazo a los 19, su lucha en Buenos Aires. Todo el dolor, el padecimiento y la discriminación de alguien que abrió el camino para las mujeres del presente.

 

De los colectivos a las tablas

Fue la necesidad la que llevó a Guitart hacia el arte callejero a fines de los '90. Sola con su vestuario, andaba de colectivo en colectivo. La gente la escuchó recitar los poemas de Federico García Lorca durante diez años. “Si no hacía un colectivo, no volvía, porque no tenía un peso –recuerda–. Pero lo que sucedía arriba del colectivo y los caminos que se abrieron a partir de eso, fueron maravillosos”.

El mundo era su casa, dice. Viajaba tanto a las 2 de la mañana como a las 5 de la tarde. Constitución, Caseros, Palermo, Puente Saavedra, Recoleta, Lugano; no había límites. “Cada uno, con su mundito a cuestas, imaginate en el colectivo las historias que van, y ahí se reencuentran todas. Es un intercambio vital”. Cuenta que en plena crisis de 2000, el colectivo 24 viajaba de noche hacia Avellaneda con los cartoneros que volvían de todo el día de trabajo. Como público, aplaudían emocionados y le daban monedas. “La peor pobreza es no tener nada para dar”, asegura. El llanto sin consuelo por Ignacio Sánchez Mejía, el dolor de Yerma, la amargura de Doña Rosita la soltera, para todos los públicos.

Ese fue el germen de esa conjunción entre poesía y teatro que tanto disfruta Guitart. Fue más tarde cuando, dentro de un formato teatral, retomó textos de Silvina Ocampo en Divagaciones, volvió con García Lorca en Federico tuvo un sueño, y ahora con Storni para No he dicho. “No hago algo moderno, lo relaciono quizás con Margarita Xirgu, con ponerle ese peso a la palabra que para mí tiene. Es visceral lo que me sucede con la voz. Se abre otro canal que no es el de la razón”.

Es que dentro de la vorágine de la vida diaria, en sus espectáculos la turbación se detiene ante el peso de la palabra, ante ese instante de belleza. “La poesía tiene la facultad y la posibilidad de hacerte cruzar el umbral de la razón, de abrir otros elementos para nombrar y hacerte viajar”, afirma Guitart, que escribe poesía desde chica. “Para mí la poesía es el cotidiano. Siempre fue algo necesario y vital, como comer, como respirar. A mí me salvó la poesía que leí y la que escribí por no encontrar mi lugar en el mundo”. De ahí la inclusión de la poesía en el teatro. “Como actriz, me siento como un payador. En este lugar de alzar la voz de la poesía, yo me siento un poco como Larralde. No me hace falta más que yo misma, y eso me da libertad”.

 

-Lorca y Storni fueron coetáneos, ¿notás alguna similitud en la interpretación de su poesía?

-Para mí, Lorca tiene algo muy claro. Con Lorca tengo un vínculo, una conexión muy extraña. Una de las cosas que más me maravillaron cuando lo empecé a leer fue cómo nombra la muerte. Eso a mí me inquieta mucho. Es una de las cosas ante las que el hombre es impotente, ante lo que todo cambia, en ese no estar nunca más, esa ausencia. Él me llevó al fondo de eso que yo sentía. En cambio, con Alfonsina fue un salto al vacío. No tiene una clara manera. Voy encontrando cosas, aparecen gestos que descubrís que no son los tuyos. Con ella voy como caminando a ciegas. Pero creo que hay que abrir algo, estar dispuesta a que eso suceda. Y cuando sucede, sucede para mí y sucede para el público. Disfruto cruzar el umbral.

-¿Cuál creés que debe ser la función del teatro?

-El teatro debe transformar, algo debe suceder, no puede ser un pasatiempo. No soporto ir al teatro y salir como entré y pensar en ir a comer pizza. Porque vas con una carencia en algún punto, para que algo sea revelado.