¿El poeta no tiene quién le escriba? Estado de la poesía cubana actual.

19.08.2011 10:52

¿El poeta no tiene quién le escriba?

MARILYN BOBES

En cualquier librería de la red nacional cubana, el lector desprevenido puede encontrar no pocos volúmenes de poesía amarillentos que claman desesperados por el favor de algún consumidor. ¿Acaso este género, que tradicionalmente ha contado en nuestro país con un público interesado, ha corrido la misma suerte que corre en la actualidad en los mercados internacionales?

Sin asumir como un dogma el clásico verso de Jorge Manrique que "a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor", recuerdo que, en la década del 80, cuando empecé a publicar, una tirada de cualquier joven poeta podía alcanzar el número de cinco mil ejemplares. Y, sin embargo, al cabo de un breve tiempo, si el autor era bueno, y a veces sin serlo tanto, el poemario ya estaba agotado.

Era la época en que la poeta y crítica Basilia Papastamatíu mantenía en la prensa diaria una columna semanal. Allí promovió a casi todos los autores valiosos de la época, sin exaltaciones complacientes ni preferencias personales. Mientras, en el país existían espacios donde trova y poesía se aunaban en armoniosa colaboración que, al tiempo que retroalimentaba a los autores de ambas manifestaciones, satisfacían las exigencias de un público mayoritariamente joven al que tampoco era ajena la obra lírica de los más descollantes autores del Continente, conocidos gracias a las selectas ediciones de Casa de las Américas.

Después de la crisis editorial de los noventa, escribir poesía en Cuba se convirtió en una actividad masiva. Las numerosas editoriales creadas recibieron, en ocasiones sin demasiados escrúpulos estéticos, los cuadernos de cientos de hacedores de versos. Pero en los medios de comunicación no se desarrolló, paralelamente, la necesaria labor educativa y discriminadora que orientara al lector hacia lo que verdaderamente posee la calidad indispensable para la aceptación de un género que, en el mundo, parece, en el mejor de los casos, destinado a las élites, y en el peor, a la extinción.

Demasiados concursos, demasiadas publicaciones y, especialmente, esa maldición de la "indigencia crítica" a la que alguna vez se refirió Juan Marinello son, en mi opinión, algunas de las causas que han conducido a que ni siquiera los poetas compremos nuestros propios libros. Aunque justo es decirlo: el entrenamiento literario que requiere el disfrute de "nuevas tendencias" menos apegadas a los automatismos del lenguaje, ha contribuido también a esa resistencia por el consumo de la poesía cubana a la altura de este tercer milenio.

Cierto es que las instituciones han favorecido una explosión de espacios en todo el país destinados a la lectura de poesía y al encuentro de los autores con la población, pero falta la "criba" necesaria. No son todos los que están ni están todos los que son, como reza un conocido proverbio popular.

La existencia de grupos que intentan monopolizar el canon a partir de sus propias concepciones estéticas, la aparición de eventuales reseñas extremadamente elogiosas, muchas veces escritas a partir de la amistad, y el desconocimiento entre los más jóvenes de la tradición tanto cubana como universal, perjudican grandemente la apreciación honesta de la producción lírica de la Isla.

A ello se suman la falta de diálogo, debate y la actitud prejuiciada hacia autores que se catalogan como "oficiales" y la sacralización de otros que se identifican a sí mismos como "alternativos", a veces para ganar el favor de poetas y críticos extranjeros a la caza de todo tipo de manifestación de "rebeldía" entre los escritores y artistas cubanos.

Para analizar algunas de las problemáticas que aquí les comento, resultó muy provechosa una reciente convocatoria del Centro Dulce María Loynaz en su espacio Ciclos en Movimiento, que tuvo como temática de debate los interrogantes, desafíos y polémicas que suscita la poesía ahora.

La asistencia de un público numeroso y beligerante demostró cuán necesaria resulta la puesta sobre el tapete de esos asuntos concernientes a un género que tuvo en Cuba un lugar preeminente dentro de la historia literaria.

Pero no basta discutir, hay que pasar a la acción. No estaría de más un mayor rigor a la hora de publicar, tanto por parte de las editoriales, como por los medios que acogen en sus páginas el ejercicio crítico. Asimismo revistas emblemáticas que, en otros tiempos, publicaron en nuestro país lo mejor de la lírica universal, deberían hacer un esfuerzo mayor, como lo hicieron en décadas anteriores, para publicar la poesía más significativa que se escribe hoy, especialmente en nuestro continente y en todo el mundo hispánico.

Nos hemos quedado varados en la Generación española del 27, tan importante por sus aportes en el ámbito de nuestra lengua, pero no la única. Han sido olvidados poetas fundamentales como Vallejo, Neruda, Gelman o Girondo. No se conoce en Cuba a la extraordinaria poetisa peruana Blanca Varela o a la uruguayo-española Cristina Peri Rossi. Se nos vende desde algunos círculos como "novedades" a los estructuralistas franceses de la década de los sesenta y se habla de "experimentación" a partir de "innovaciones" que ya son parte del pasado literario en otros ámbitos.

¿Es que el poeta no tiene quién le escriba, con independencia del puñado de amigos que se convierten en críticos cuando la ocasión lo demanda? ¿O es que los críticos no se atreven a poner las cosas en su sitio por temor a las reacciones que pueden desencadenarse entre los autores? Las respuestas no están en el viento, sino dentro de nosotros mismos.

http://www.granma.co.cu/2011/08/19/cultura/artic01.html